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#PUNTOSALUDABLE: ¿Por qué engorda la ansiedad?

GASTROLAB

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Parece un círculo interminable. Llegan y llegan pacientes intentando hacer nuevamente una dieta, jurando que esta vez si la cumplirán. Tal vez, las primeras dos semanas todo funcione muy bien, pero si no se trata de raíz el problema, el éxito de la dieta es prácticamente nulo.
Parar los atracones provocados por la ansiedad es posible si se trabaja día a día y, por supuesto, si se entiende a fondo por qué suceden.
¿Por qué no se nos antoja comer verduras o frutas cuando estamos ansiosos? Bueno, la realidad es que particularmente el consumo de carbohidratos, sobre todo azúcares y harinas refinadas, resulta muy reconfortante para el cerebro, de ahí que se activen diversos mecanismos que hacen que queramos más y no podamos parar de comerlos.
Según investigadores, la adicción o preferencia por los carbohidratos se debe a la función que desempeñan en la neurotransmisión, pues particularmente actúan sobre la serotonina y su precursor que es el triptófano.
La serotonina es uno de los neurotransmisores encargados de la sensación del bienestar. Cuando una persona consume carbohidratos, hay un estímulo importante en la producción de insulina, la cual promueve la captura de aminoácidos por parte de los músculos, pero el único que no se registra es el triptófano, el cual provoca que se eleven los niveles de este aminoácido en sangre.
Al tener más de este aminoácido circulando en la sangre, se favorece la producción de serotonina; es decir, entre más gomitas, dulces, galletas y postres, mayor disponibilidad de triptófano.
Al momento de cruzar la barrera del cerebro, los aminoácidos compiten unos contra otros para llegar. Esto provoca que se sobreestimule la producción de serotonina gracias a las grandes cantidades existentes de su precursor. Por lo que al consumir muchos hidratos de carbono, sobre todo azúcares, las personas comienzan a sentirse mejor, debido a que las hendiduras sinápticas están repletas de estos neurotransmisores, involucrados directamente con la sensación de bienestar.
Posteriormente viene un mecanismo de compensación por parte del cerebro, que es el que va a parar la producción de estos neurotransmisores, generando así un desequilibrio entre la producción natural. Como resultado, el cuerpo va a tratar de alcanzar los niveles tan altos de serotonina nuevamente, de ahí la necesidad de continuar consumiendo este tipo de alimentos.
¿Cómo terminar con este círculo vicioso?
El ejercicio, la práctica de yoga y otras actividades pueden ayudar a reducir el estrés y la ansiedad. Quizá una dieta más alta en fibra, con un poco más de proteína pueda ayudar a controlar los efectos  por el alto consumo de azúcares y harinas refinadas.
POR MARIANA GODOY