¿Cómo reconocer si abuso de personas en una condición distinta a la mía?

¿Cómo reconocer si abuso de personas en una condición distinta a la mía?

En numerosas ocasiones cometemos abusos contra otras personas casi sin darnos cuenta. Aprovecharse de la diferencia de fuerzas es abuso. Es fundamental darse cuenta de cuando tenemos más recursos, de cualquier índole, que la persona que tenemos frente a nosotros. Es más, no es cuestión necesariamente de recursos sino de posiciones. Por ejemplo, el cliente frente al mesero o a la cajera o el chofer.

El que está sirviendo muchas veces tiene que aguantar malos tratos, groserías, gritos y un sin fin de abusos. Incluso la mera indiferencia al pasar frente a una persona, por ejemplo, un elevadorista o un guardia de seguridad y ni siquiera hacer un gesto de saludo o dar cuenta de que estamos frente a una persona, no a un obeto inanimado.

Dado que no está posibilitado para responder o defenderse, a riesgo de poner en riesgo su trabajo. Hacerse responsable de la posición de poder es privilegio de los grandes. De las personas que no necesitan devaluar al otro para sentirse superiores. Debemos recordar que cuando abusamos de otra persona estamos haciendo daño al otro pero también nos estamos haciendo daño a nosotros y a la comunidad en general. La violencia genera violencia. El abuso genera enojo que va a ir a desahogarse en algún otro lugar.

Es responsabilidad de todos nosotros generar ambientes solidarios, respetuosos y exentos de abusos. Humillar u ofender a otro ser humano no habla más que de ignorancia y soberbia. Dos de los más graves defectos. Además, debemos tomar en cuenta que cada persona está pasando por momentos en su vida que pueden ser difíciles, la enfermedad de un ser querido, una ruptura amorosa, un diagnóstico difícil, deudas, problemas que a todos nos pueden ocurrir y que nos hacen más complicado cumplir con nuestras tareas... y si se nos presenta alguien que nos agrede lo hace mucho más difícil. Cada vez que interactuamos con alguien debemos recordar que es un ser humano, con historia, con familia, con emociones, con cansancio, con amores y desamores y llevar a cabo la regla de oro de la ética universal: no hagas al otro lo que no te gustaría que te hicieran a ti.

Para la Almohada

Uno de los antídotos en contra de la violencia es la humanización que significa dar cuenta del otro como persona, como ser humano con nombre, con historia, con problemas, con emociones... es muy frecuente abusar del poder que además es relativo de ser el cliente, al que el otro debe atender: en un banco, en un restaurante, en el transporte. Sin siquiera reparar en ello  podemos abusar al no  mirar a los ojos, al maltratar o ser groseros, descargando nuestras frustraciones con esa persona que no puede defenderse porque está en una posición en la que pondría en riesgo su trabajo.

Rocío Arocha


Compartir