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Di Vagando: ¿Me hace más fuerte denunciar un abuso físico o laboral?

ESTILO DE VIDA

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Muchos de nosotros experimentamos con frecuencia situaciones en las que hay alguien que está cometiendo un robo, un maltrato a una persona o a un animal, una situación de engaño o simplemente una crítica injusta o inmerecida sobre alguien a quién se dañará su prestigio. Lo más sencillo ante una situación así es callar, “hacerse de la vista gorda” o ignorar la situación, especialmente por temor al conflicto.

Todo aquello que no se denuncia se perpetúa. Cuando ante un mal servicio o un trato injusto callamos, estamos de algún modo siendo cómplices de la situación y no contribuimos a que el servicio de ese lugar mejore.

Quejarse, expresar el desagrado, poner el alto o hablar decididamente para defender, por ejemplo, a una persona de la que se está hablando mal y que además no está presente, se llama cobardía.

En las culturas en donde la queja es bien recibida, y las personas a las que es posible darles una crítica o retroalimentación para que mejoren, suelen tener un desarrollo mucho más amplio.

En ocasiones pueden ser los superiores en el trabajo los mismos colegas. A veces serán los alumnos que nos expresen una situación con la que no están de acuerdo. Una madre o un padre, nuestra pareja e incluso nuestros hijos. Si logramos ser receptivos y  no ponernos a la defensiva, sino más bien escuchar atentamente la crítica y reflexionar sobre la posible veracidad de la misma, lograremos profundizar en la relación, además de crecer.

Es importante desarrollar la humildad y reconocer que estamos muy lejos de la perfección y que a veces estamos dañando al otro sin apenas darnos cuenta.

Incluso la denuncia personal sobre nuestros comportamientos autodestructivos suele ser el primer paso de la posibilidad de arreglar una situación. Confesarnos a nosotros mismos la realidad sobre lo que estamos haciendo que nos llevará a buen puerto: fumando, comiendo de más, gastando lo que no tenemos, faltando a nuestras responsabilidades. Señalar con precisión a la realidad que hace mal, es sin duda la única alternativa que abre la puerta a mejorar.

Para la almohada:

Quedarse callado ante una situación de maltrato, de mal servicio, de incumplimiento de un contrato o cuando se está desprestigiando a alguna persona que no está presente, es ser complice e impedir la superación. Negar nuestros propios comportamientos autodestructivos sólo sirve para perpetrarlos. Señalar la verdad de una situación, por incómodo o doloroso que esto sea, es esencial para mejorar.

Rocío Arocha

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