Un año desplazados por el crimen

Habitantes de Buenavista viven a la intemperie y amenazados por el crimen

Los vecinos ayudan a
las familias a sobrevivir
y los apoyan con
alimentos. CORTESÍA NOEMÍ CARMONA
Los vecinos ayudan a las familias a sobrevivir y los apoyan con alimentos. CORTESÍA NOEMÍ CARMONA

BUENAVISTA TOMATLÁN. Un grupo de 200 personas vive en la explanada municipal de esta comunidad desde hace 15 días. Hombres, mujeres, ancianos y niños comen y duermen en la calle, mientras policías estatales los resguardan.

Los vecinos los alimentan: les dan huevos, aceite, tortillas, azúcar, frijoles, sopa y les han prestado un refrigerador.

Son campesinos, ex autodefensas, que participaron en el movimiento de 2014 para enfrentar al cártel de Los Caballeros Templarios y que el año pasado fueron expulsados con violencia de sus casas por el de Los Viagras, aseguran.

María es vecina de una céntrica colonia de la cabecera municipal y regresó a su casa después de un año. La halló abandonada, con un penetrante olor a muerto que se pega en las paredes.

En el quicio donde había una puerta recuerda el día que se fue: Nos dieron 24 horas para salirnos de aquí y dijeron que, si no, nos atuviéramos a las consecuencias. ¿Quién va querer algo malo para sus hijos?, solloza. María es madre de ocho hijos; sólo tres aún viven con ella.

A los jóvenes, Los Viagras los presionaron para unirse a sus hordas armadas y disputarse el territorio con el Cártel de Jalisco Nueva Generación. Se negaron y empezó la persecución, las amenazas.

Se dedican al corte de limón y ganan entre 90 y 180 pesos al día, cuando los caciques de los cárteles los dejan trabajar en las parcelas y las empacadoras, que a veces no son ni tres días a la semana.

A unos metros de la casa de María, vivía también su cuñada Elvira, con quien tuvo que huir la noche del 16 de agosto de 2017, a bordo de una camioneta junto con 40 personas más, entre ellas varios niños, ancianos y mujeres embarazadas.

Algunos se refugiaron en los municipios vecinos de Tepalcatepec, Los Reyes y Uruapan; otros huyeron a otros estados, con familiares o amigos; algunos intentaron pedir asilo político en Estados Unidos, mismo que les fue negado. Como la de sus familiares y vecinos, la casa de María está destruida, desvalijada.

A un año de distancia los desplazados de Buenavista Tomatlán decidieron volver a sus hogares animados por la noticia de que el alcalde Lorenzo Barajas Heredia terminaba su mandato.

 

No nos vamos a mover de aquí hasta que el nuevo presidente municipal nos garantice, con la policía, que vamos a poder entrar a nuestras casas, dice Elvira.

En la puerta de la oficina del secretario del Ayuntamiento interino, Arturo Andrade, aún cuelga un moño negro en señal del luto que se guarda por su antecesor, Javier Ureña, quien fue muerto a balazos el 24 de junio, en un camino rural. Admite que la silla en la que despacha, es una silla caliente, que le urge entregar.

RELEVO TENSO

Ahora lo más preocupante para él y los burócratas del trienio 2015-2018 del ayuntamiento de Buenavista, es que no saben a quién le van a entregar la presidencia municipal porque el alcalde electo, Eliseo Delgado, también fue asesinado el pasado 20 de julio y la síndica Elvia del Socorro Ortega Peláez huyó del país por amenazas de muerte.

Estamos en mucha tensión. Con los desplazados no podemos hacer nada. El gobierno se ofreció a cuidarlos y los apoyamos como podemos, dice Andrade y admite que 30 policías municipales nunca han sido suficientes para la seguridad de este territorio, desgarrado por la violencia de los cárteles.

Los desplazados esperan el día después de1 1 de septiembre para conocer al nuevo edil, con quien esperan retomar sus vidas y reconstruirse a partir de los pedazos.

 

Por DALIA MARTÍNEZ

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