Amor de diamante

Un pantalón manchado de lodo fue el flechazo de cupido en la unión de María y Aureliano. Este mes celebran 60 años de matrimonio

ANTE EL ALTAR. Tras cuatro años de noviazgo, decidieron contraer matrimonio. Foto: Adriana Luna

La madrugada del 12 de octubre de 1956 llovió a cántaros, miles de feligreses católicos acompañaban a la imagen de la Virgen de Zapopan de regreso a su Basílica. Como parte del contingente, la adolescente María se resbaló en el lodo y salpicó el pantalón blanco de Aureliano. Al ver su atuendo manchado, él prorrumpió un pendeja, pero enmudeció al levantar la vista y percatarse de la belleza de la joven. A ella le molestó la expresión; sin embargo, lo perdonó con ese cruce de miradas. Fue amor a primera vista, ahí comenzó una historia que este febrero llega a los 60 años de matrimonio, en donde el respeto se antepuso a todo.

Todo comenzó con un pantalón salpicado de lodo, fue el enganche de Cupido, ríe María en entrevista con El Heraldo de México. Él coincide: Fue el flechazo. Ahí inició nuestro romance. Duramos cuatro años de novios y nos casamos en el año de 1960.

Ella, originaria de Nayarit, y él, de Jalisco, ambos procrearon tres hijos y ahora tienen 11 nietos.

A mí me encueraban con la vista, siempre tuve ese problema con los hombres. Él fue muy respetuoso y eso fue lo que me gustó. Cuando me dijo que se quería casar conmigo, advirtió que era muy pobre, pero nos casamos. Hemos recibido muchas bendiciones: tenemos tres hijos, profesionistas los tres. ¿Qué mayor alegría podemos tener? Los nietos también buenas personas y profesionistas, subrayó ella.

De las parejas contemporáneas, ningún matrimonio sobrevive, algunos de sus amigos se divorciaron y otros murieron. Durante seis décadas como cónyuges han enfrentado diversas situaciones, algunas chuscas, otras dolorosas. Por ejemplo, al comprar su primera casa se dieron cuenta que el terreno tenía otro dueño y los amenazaron con derribarla. Pero ningún momento supera cuando sufrieron un accidente carretero y María estuvo a punto de morir: La daban por muerta. Sentí mucha angustia, mucha tristeza. Ella tenía moretes por todos lados, tenía inflamada la cabeza, estaba espantosamente mal. Ese ha sido el momento más angustioso. Ha tenido secuelas, pero ella es muy valiente, recordó.

Durante 60 años han visto perecer a muchas parejas: Ya nadie queda, éramos cuatro o cinco parejas que convivíamos. Algunos se quedaron solos, viudos, viudas. Añoramos a mis compadres, ella murió un 20 de agosto y él un mes después, el 22 de septiembre, nos quedamos sin amigos. Es doloroso porque a veces uno quiere platicar, cantar, llorar, reconoció María.

El secreto en todos los matrimonios es el respeto y ser realistas. Hay tiempo de felicidad, tiempo de pelear, tiempo de perdonar. Así es el matrimonio, no le quieras ver alas de plata, ni de brillantina, porque todo se opaca, pero de uno depende que sea matrimonio, añadió.

Ambos recuerdan a una pareja que les impactó por su actitud: ella no habló con el marido por 25 años. María y Aureliano han visto disolverse matrimonios, incluso en su familia cercana, por infidelidades y problemas no resueltos, pero se aferran a ejemplos como el de la abuela y bisabuela de María, que tuvieron amores a primera vista y lograron matrimonios exitosos, así que también decidieron vencer cualquier obstáculo en su relación marital.

Este año festejan sus Bodas de Diamante y siguen enfrentando retos como pareja: Platicamos mucho, pero ahorita ya nos damos mucho la contra, eso causa fricción momentánea. Ella es bondadosa. Hay que ser realistas, hay que pulir el diamante porque el matrimonio no es como comprar un coche y saber que corre a tantos kilómetros y comprobarlo… acá no sabe uno la reacción. Uno tiene que ser realista, hay que dar, no nada más recibir. Compartimos temores, arreglamos las diferencias. Quisimos ser diferentes y lo logramos, finalmente dice Aureliano.

POR ADRIANA LUNA
CORRESPONSAL

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