Estas son las estremecedoras historias de migración que a diario se viven en Tijuana

Miles de migrantes centroaméricanos e incluso de países africanos llegan a México con la esperanza de poder cruzar la frontera hacia Estados Unidos, todos ellos con una larga historia a cuestas

Migrantes en Tijuana, frontera de México con Estados Unidos. Foto: Especial
Migrantes en Tijuana, frontera de México con Estados Unidos. Foto: Especial

TIJUANA. En la víspera del día 45, el gobierno mexicano redobla la atención para los migrantes extranjeros deportados por esta frontera; les ofrece una estancia de cinco meses para que puedan replantear su petición de asilo político a Estados Unidos.

En la salida del Cruce Peatonal Oeste (PedWest), en Tijuana, la Secretaría de Bienestar Social instaló un módulo de atención para los migrantes retornados por el gobierno estadounidense.

Tenemos la instrucción de atender a todos los migrantes (mexicanos y extranjeros), dice la encargada del módulo a El Heraldo de México.

A unos 80 metros de distancia, en las instalaciones del Instituto Nacional de Migración (INM) y oficinas del Grupo Beta, se cruzan varias historias de la migración ilegal, esa que México debe controlar según el acuerdo con Estados Unidos.

Un grupo de 24 migrantes de Guatemala y Honduras, descienden de una camioneta tipo van. Hombres, mujeres y niños. Los guía el pastor Albert Rivera, director del albergue Ágape.

Fueron detenidos en días recientes en Texas, luego de cruzar ilegalmente y deportados por California. Del este al oeste.

Armando León, migrante originario de Copán, Honduras, es uno de ellos.  Para lograr el sueño americano solicitó un préstamo económico.

Junto con su hijo de tan sólo 12 años, fue arrestado, estuvo cautivo en Las Hieleras (centros de detención del CBP), deportado por Tijuana y ahora tiene una deuda que no sabe cómo va afrontar.

Llegué en estos días con mi hijo de 12 años, cruzamos por Texas. Nos detuvieron y luego nos llevaron a las Hieleras, donde ponen el aire muy frío y nos dan papel aluminio para taparnos, expresó.

Estamos preocupados, la idea es que nos iban a dar permiso y luego nos dijeron que no había permisos.

Ya no hay permisos. Queremos volver a Honduras. Estamos en el albergue con el hermano pastor, Albert, manifestó.

–¿Qué hacías en Honduras?

Tenía un trabajo, pero lo perdí por las huelgas, y ahora están privatizando las escuelas y la salud, contestó.

Armando León ve más complicada la situación: La verdad me dieron un dinero alquilado (un préstamo) y ahora tengo esa deuda, no sé qué voy hacer en Honduras; Dios me va ayudar y tengo que salir de eso.

En tanto, el pastor Albert Rivera habla con los oficiales del INM y personal de la Secretaría de Bienestar Social para saber cómo se les puede ayudar para volver a su país de origen.

Se les informa de las opciones que tienen de albergues y que pueden permanecer unos cinco meses en Tijuana, para pedir nuevamente asilo político en Estados Unidos.

Cinco meses es mucho tiempo, mejor queremos regresar a Honduras, dice León.

Metros adelante, dos migrantes africanos, originarios de Eritrea, de unos 25 años de edad, permanecen recargados en las rejas de las instalaciones del INM.

Ellos al igual que decenas de migrantes del Congo y Camerún, que llegaron hace semana y media a Tijuana, deambulan por los alrededores del Cruce Peatonal Oeste, a fin de llegar al punto de revisión de las autoridades norteamericanas y pedir asilo político.

Tienen días en esta frontera, donde rentan una habitación por 200 pesos la noche. Hablan bien inglés pero se niegan a decir si tienen familia en los Estados Unidos y de dónde sacan el dinero para su estancia.

Cerca del módulo de atención de la Secretaría de Bienestar Social, Fernando Gómez, migrante guatemalteco, manifestó salí de Guatemala hace más de un mes, con mi hijo hijo Ronald; él tiene 18 años.

Salimos por allá si te va bien estas ganando un promedio de cinco dólares al día. ¿Qué vas a hacer con eso para tu familia?, preguntó

Entramos por Texas y en Texas nos detuvieron una noche y al día siguiente nos subieron al avión y venga. Nos deportaron por Tijuana, contó.

Estuvimos dos días en las hieleras de Texas y en las de aquí. Los cuartos de detención son extremadamente fríos y las cobijas es un plástico que no calienta nada, dijo

Manifestó que a mí me deportan el lunes y a mi hijo el martes, como tenía la pena (preocupación) de mi hijo, no me lo habían traído; yo me fui al Centro y ubique un hotelito, me quede un hotelito y estuve buscando qué hacer.

Encontré un cuarto no muy caro para dos personas; pagaré 800 pesos al mes, es un cuarto pelón, pero Dios es lindo y la gente mexicana de gran corazón. Un señor mexicano se portó tan bien que nos dio una parrillita para cocinar, nos dieron cobijas, una colchoneta, dijo.

Nosotros no andamos buscando cosas malas lo que queremos es trabajar para poder ayudar a la familia. Fuimos a ver un trabajo pero nos dicen que hasta lunes nos dan la respuesta.

Aquí en México les informaron que hasta diciembre habrá nuevamente espacio en la lista de espera para poder acceder con las autoridades norteamericanas y solicitar asilo político. Lo que no sabe que es Estados Unidos canceló el asilo político.

Allí, José Santos Portillo, originario de Ocotepec, Honduras, de oficio agricultor, narró que ayer fue mi primera vez que intente cruzar a los Estados Unidos. Anoche me agarraron, me brinque la barda pero me detuvo migración. Nos tomaron fotos y las huellas dactilares.

Ellos me preguntaron quieres asilo o deportación. Les dije asilo y de todos modos me sacaron, dijo.

Yo crucé legalmente en México, estuve en el corralón en Chiapas durante cuatro meses, mencionó.

Durante su estancia en Chiapas, en espera de los documentos que le permitieran el tránsito por el país, laboró en fincas cafetaleras donde les pagaban siete pesos por cada kilo de café recolectado. Yo juntaba hasta 50 kilos diarios, porque allá en mi lugar de en Honduras también era cafetalero.

–¿Qué piensas que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, les va a dar ayuda en lo que permanecen en México?

Que está bien. Yo he estado trabajando aquí en Tijuana en una fábrica, está bien pero uno debe buscar para tener mejor vida y ganar más dinero, agregó.

Los migrantes siguen narrando al reportero su travesía, mientras la encargada del módulo dice a distancia: la verdad en esta semana se dispararon los retornos.

Por: Atahualpa Garibay

psc

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