En el umbral de un crimen en el Estado de México

Karina advirtió que había pasado mucho tiempo y el taxi iba en sentido contrario a su destino. Le pidió regresar y en ese momento iniciaron las amenazas.

GRÁFICO: Jesús Sánchez
GRÁFICO: Jesús Sánchez

El regreso de Karina a casa en Nezahualcóyotl se convirtió en un periplo de miedo. Ese jueves regresaba de su trabajo, en Lomas de Chapultepec en la Ciudad de México, por la ruta cotidiana: el Metro.

En la estación Impulsora debía bajar, pero el sueño la venció y cuando despertó estaba en la terminal de Ciudad Azteca. Minutos antes de dormirse, le envió un mensaje vía WhatsApp a su familia para que supieran por dónde iba.

Por: Fabiola Cancino

En la última estación se dio cuenta de que eran más de las 24:00 horas. No había forma de regresar por ese medio a casa. La chica de 25 años bajó y quiso marcarle a su familia o pedir un taxi a través de una aplicación en el celular. No pudo hacerlo. No tenía señal.

La segunda opción fue un taxi de la zona. Le hizo la parada y, más preocupada por la señal de su móvil que otra cosa, no verificó que fuera un vehículo oficial; de hecho, cuando reparó en ello, se percató de que no tenía tarjetón, entre otras señales de alerta.

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El conductor le sugirió tomar una ruta alterna, porque por la Avenida Central hay muchos asaltos, lanzó. A Karina le pareció correcta la observación y siguió distraída con el celular. Se dio cuenta de que había pasado mucho tiempo y la ruta era en sentido contrario a Neza. Le pidió regresar y en ese momento iniciaron las amenazas.

Con insultos, el hombre intentó someter a la joven y hasta le quiso pegar, pero ella en lugar de amedrentarse, comenzó a gritar. No volverás a decir ese tipo de cosas jamás, respondió el hombre y siguieron las agresiones. Después de varias calles, el conductor se acercó a la orilla de una banqueta y ella aprovechó para huir. Corrió hasta que encontró un puesto de comida. Eran casi las tres de la mañana.

Su familia, en tanto, había entrado en pánico. No era un comportamiento regular. Su hermana llamó al 911 y una voz femenina en vez de apoyar, aumentó la tensión: tiene que esperar más tiempo, se ha de haber ido con el novio, usted cómo sabe que no fue así. Qué tal si le está mintiendo, eran las respuestas ante la angustia por la falta de comunicación con Karina.

La hermana sabía que Karina no se iría a ningún lado sin avisarle. Así de unidas considera que son. Decidió hablarle a un contacto de la Policía Federal, quien de manera extraoficial, le ayudó a rastrear el celular. La respuesta fue que no se recibía señal, por lo que no descartó que estuviera bloqueado con algún sistema electrónico.

Karina se tranquilizó cuando le pidió apoyo a la señora que atendía el changarro, que está abierto toda la madrugada, y se enteró que estaba en San Martín de las Pirámides. De forma casi mágica, ya tenía señal. Llamó a su casa, pidió un taxi vía la aplicación y regresó salva a su casa.

Para Karina y su familia, la comunicación es su principal arma para saber que se encuentran bien. Narra que desde hace unos 10 años la inseguridad en Nezahualcóyotl está a la vuelta de la esquina. A ella y a su hermana, además de otros parientes, los han asaltado y hasta les han cortado cartucho de armas de fuego.

En una ocasión, recuerda, pidió apoyo a una patrulla que estaba detrás de su casa, en las inmediaciones del Río de los Remedios; a una calle, para ser exactos. La respuesta de los uniformados fue que esa zona corresponde a Ecatepec. De nada sirvió que le explicara que la correspondencia y su credencial de elector la ubican en el municipio de Nezahualcóyotl. No cambió el guion de que allí no era su jurisdicción.

Lo mismo pasa con Gustavo A. Madero, señala. En ese triángulo, donde se juntan Ecatepec, Nezahualcóyotl y la delegación capitalina, lo mismo te roban que intentan secuestrarte, concluye, y su mejor referencia para asegurarlo son las coincidencias con parientes y vecinos, quienes no se han escapado, cuando menos, de que los asalten en el transporte público.

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