Disminuye arribo de niños migrantes

Aunque en 2017 van menos ingresos, ciudades de Chiapas los exponen a la explotación laboral y sexual

Foto Twitter
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TAPACHULA. Bocabajo, con los ojos cerrados, viste una bermuda café, una playera grisácea y tenis; su cabello alborotado descansa en una de las banquetas de la bajada, en la 11 Avenida Norte. A su lado, hay tres botes con palos incrustados.

Frente a este cuerpo tirado pasan, sin voltear al piso, mujeres que van a las compras, hombres que cargan cajas, carros, patrullas y guatemaltecos que compran en esta ciudad.

Es el primer cuadro de la ciudad, donde crecen unos 300 niños, niñas y jóvenes migrantes guatemaltecos, hondureños y salvadoreños, menores de 11 a 16 años de edad, que decidieron hacer una parada en el Parque Central Miguel Hidalgo y terminaron enganchados en un viaje aterrador.

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Chiapas encabeza la lista de menores asegurados por autoridades migratorias. El número de menores presentados ante autoridades migratorias bajó 53.55 por ciento de 2016 a la fecha, pues, el año pasado, se presentaron 27 mil 359, 100 por día, y en 2017, fueron 12 mil 706, 47 por día.

Sus cajitas de madera –unas, con chicles y cigarros; otras, para bolear– y sus cuerpos escurridizos son la mercancía, la venta cotidiana, entre palmeras, un edificio municipal, un calor intenso, bolsas de resistol y la insistencia por permanecer en un territorio ajeno a su patria.

A 10 cuadras de donde yace el menor, en el Parque Central, la vida es igual. Víctor, de 11 años, plática con otro menor guatemalteco. No estudian y cobran a 10 pesos la boleada.

–¿Desde cuándo trabajas aquí? –se le pregunta a Víctor.

-Cuando tenía nueve años. Voy y vengo a ver a mi mamá a Guatemala; le dejo dinero para mis hermanos. Ahora rentamos muy cerca de acá, en unos cuarteríos que nos cuesta al mes mil 200 pesos. Mi papá se regresó.

–¿Y por allá comes?

–No, acá por el parque, a 30 pesos cuesta la comida. Con mi amigo vamos a comer.

–¿Y te alcanza?

–Pues al día, a veces sacamos 120 pesos, pero yo me voy a los cuarteríos temprano.

–¿Y qué hay de los niños que más noche, acá, venden otras cosas? ¿Cuánto les quita el inspector del ayuntamiento para dejarlos trabajar?

Víctor mudo, guarda sus herramientas de trabajo, su amigo le hace una mueca y ambos se pierden. Pasan la calle, se van.

En este primer cuadro de la ciudad, hasta 2007 oficialmente no se reconocía el comercio sexual, infantil. A las autoridades les interesaba que boleritos y chicleros pagaran cuotas al ex edil Ángel Barrios Zea.

En 2014, en la conciliación CNDH/5/2013/2795/Q de la CNDH, dirigida a Eduardo Ramírez Aguilar, entonces secretario de Gobierno de Manuel Velasco, se reconoce la explotación sexual, la laboral y la posible trata de menores en este parque central.

Ramón Verdugo, activista y titular del albergue para menores migrantes Todo por ellos, dice que al trabajo infantil, la prostitución, las cuotas de 30 pesos para inspectores del ayuntamiento –a cargo de Manuel Nivón–, se suma por la noche el uso de los menores para vender drogas.

Ya con el gobierno de Donald Trump, datos oficiales indican que el número de menores deportados de Estados Unidos a México disminuyó 34.52 por ciento de septiembre de 2016 al mismo periodo de 2017.

El año pasado fueron deportados nueve mil 440 menores, en los primeros nueve meses del año, lo que representa 34 niños por día, mientras que en el mismo periodo de 2017 fueron deportados seis mil 181 niños, 23 niños por día.

Por Mariana Morales, gráfico Jairo Martínez

 

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