AGUA, 80% se fuga al agro e industria

Sólo el 14.6% del líquido se utiliza para abastecer a la población. Especialistas señalan que para los procesos productivos se requiere este recurso, pero debe eficientarse el uso y lograr que sea sustentable

Foto: Archivo/ Cuartoscuro
Foto: Archivo/ Cuartoscuro

Sin la agricultura y la industria, la vida moderna no sería concebible, pero para el desarrollo de ambos se requieren cantidades descomunales de agua dulce, al grado que 80.6 por ciento del líquido del país se destina para esos rubros, mientras que para el abastecimiento público apenas es 14.6 por ciento; el restante 4.8 para empresas generadoras de energía.

Expertos advierten del reparto inequitativo de agua y, peor aún, dicen que agricultores y empresas prefieren tirar los excedentes del líquido que no utilizaron en su producción– para evitar que Conagua disminuya las cantidades concesionadas al año.

En contraste, de los 32 millones de hogares que hay en México, según el Inegi, 20 millones no reciben a diario el líquido y a dos millones más de domicilios donde viven unos nueve millones de personas– no llega nada de agua.

El desequilibrio, señala el especialista Miguel Álvarez, podría evitarse si hacen un uso racional y eficiente del líquido, aunado a un ejercicio honesto de las empresas y agricultores para solicitar al gobierno sólo el recurso necesario para que sea sustentable.

Aunado a ello, vecinos y legisladores, acusan que la actividad industrial contamina los cuerpos de agua.

En algunos casos, como en Durango, la situación es extrema. Sólo 3 por ciento del agua es utilizada por los pobladores de la entidad; el otro 97 por ciento se entrega a estados como Sinaloa, Coahuila, Nuevo León o Baja California Sur, para su desarrollo agrícola e industrial.

Por esa dotación de agua, Durango no recibe ni un peso para la conservación de las zonas boscosas; de ahí, la exigencia que el Congreso de la Unión apruebe una ley que obligue a los estados beneficiaros a dar una aportación para seguir generando líquido de calidad.

Sin el trabajo de los duranguenses, no existiría la cuenca agrícola de Culiacán; si no fuera por el agua de Durango, Sinaloa no produciría tomate, maíz, no produciría nada si no bajara el agua de la sierra de Durango; la Laguna, que es la primera cuenca productora de leche del país y una de las más grandes de Latinoamérica, no existiría sin el agua del río Naza, resume el diputado Maximiliano Silerio Díaz.

Indica que además las mineras canadienses contaminan, como sucedió en el municipio de San Dimas, donde vertieron agua cianurada.

La Conagua, a través de su delegada Yadira Narváez de Mojica, reconoce que la contaminación de las cuencas viene aguas abajo, generalmente por el paso por las minas de oro y de plata que usan el agua en sus procesos, que, si bien se verifica la calidad del agua, los accidentes son frecuentes.

En Sonora, Grupo México, según un documento del transparencia, puede extraer y utilizar agua de las cuencas hidrológicas alrededor de sus minas Buenavista del Cobre y La Caridad.

Se estima que el agua de más de 100 pozos de los ríos Yaqui, Bacanuchi, Cuitaca y Agua Prieta sirven para la producción industrial de la minera, pero en contraste los más de 25 mil pobladores que viven a sus alrededores tienen problemas ante la escasez.

Humberto de Hoyos Robles, ganadero y dueño del rancho San José del Carrizo, denuncia que Grupo México compró los derechos de extracción en la mayoría de los siete ejidos y aunque los dueños no aceptan vender, se quedan sin el recurso.

Alfonso Gardea Béjar, académico del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), dependiente del Conacyt, señala que, aunque la adquisición de pozos se encuentre dentro de la legalidad, no quiere decir que haya justicia en este acaparamiento, porque mientras los ocho pueblos carecen del agua, Grupo México gana 4.4 millones de dólares al día a expensas de la sobreexplotación del río Sonora.

Para el ingeniero Miguel Álvarez una buena planeación, la voluntad política y leyes claras pueden garantizar el equilibrio en la dotación del agua.

Considera que la industria y la agronomía están en su derecho de obtener y usar el agua, pero no se vale que la tiren. Explica que tienen determinado volumen al año de agua concesionada, pero si al término del plazo no utilizaron lo pactado, prefieren tirarla en los campos para que Conagua no disminuya el caudal el periodo siguiente.

POR ANA LIMA E IGNACIO MENDÍVIL

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