Chavela Vargas, la mujer de ‘fuego’

La diseñadora Petrushka Sainz trabajó en el arte de los dos últimos discos de la intérprete y describió cómo fueron sus encuentros

El hogar donde vivió Chavela tenía un jardín enorme con una vista al Cerro del Tepozteco.
El hogar donde vivió Chavela tenía un jardín enorme con una vista al Cerro del Tepozteco.

Nació en Costa Rica, se sintió mexicana y amó España. La intérprete Chavela Vargas mañana cumpliría 100 años de edad. La diseñadora Petrushka Sainz relató cómo fue trabajar con ella para crear el arte de sus últimos dos discos y los audiovisuales para el homenaje que tuvo en Bellas Artes, unos meses antes de su muerte.

La conoció en su casa de Tepoztlán, en la que al entrar se apreciaban los retratos de sus viejos amigos, el que más le llamó la atención fue el de Pedro Almodóvar, el cineasta español que relanzó la carrera de la cantante en los años 90 y la ayudó a terminar de superar su alcoholismo, por eso Chavela le tenía gran admiración y cariño, desde entonces lo llamaba esposo.

No era una persona con la que podías hablar todo el tiempo, casi siempre estaba en silencio y sólo reaccionaba a las cosas que le interesaban. Cuando algo llamaba su atención, pronunciaba las frases como si las recitara, por ejemplo le dije que soy de Veracruz y comenzó a recitar un poema de dicho estado, recordó la diseñadora.

 

El hogar donde vivió Chavela tenía un jardín enorme con una vista al Cerro del Tepozteco, por eso la mayoría de las reuniones eran en esta parte. Algunas personas también la llamaban La Chamana por su afición a la magia de Tepoztlán. Fue una mujer que rompió con todos los estereótipos en su forma de ser, en su manera de cantar y en la de actuar, nada se callaba, si algo le molestaba lo decía.

Aún a sus 90 años su personalidad seguía siendo fuerte, si alguien no le caía bien, algo no le parecía, lo corría de su casa. No se iba a medias tintas y no iba a permitir que le hicieran perder el tiempo, mencionó Sainz.

Las veces que Petrushka habló con ella se sintió intimidada, el ver a la cantante sentada en la silla de ruedas con las gafas oscuras, la hacía imaginar a una mujer de fuego, que en cualquier momento podría devorarla, pero al mismo tiempo le encantaba la reacción y lucidez que mostraba.

El primer disco en el que trabajó con ella fue Por mi culpa en 2010 y el segundo La Luna Grande en 2012, el cual presentó en Bellas Artes a sus 93 años, siendo la segunda vez que estaba en dicho recinto.

A todos nos impactó, porque su salud ya no era la mejor, días antes nos hablaron para decirnos que estaba delicada. Estábamos preocupados sobre cómo sería su interacción con el público o temiendo que quizá no hubiera. Pero cuando salió a dar las gracias, la mujer estaba viva de nuevo, fue impresionante verla tan fuerte, afirmó.

Falleció el 5 de agosto de 2012, cuatro meses después del espectáculo que ofreció en Bellas Artes.

 

Por PATRICIA VILLANUEVA

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