CÚPULA

La recuperación de la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles

El templo mariano está próximo a recobrar su belleza y esplendor; los trabajos de restauración concluirán en los siguientes meses

EDICIÓN IMPRESA

·
Créditos: Foto: CNMH/INAH

En la colonia Guerrero de la Ciudad de México se encuentra uno de los santuarios marianos más venerados por la comunidad católica mexicana: la parroquia dedicada a Nuestra Señora de los Ángeles, edificio religioso de larga historia que tiene sus antecedentes constructivos en el siglo XVI, dado que en ese lugar se ubicaba una pequeña y austera capilla mandada construir por un cacique converso.

De nombre Isayoque, este líder indígena recuperó un bello lienzo que estuvo a punto de perderse en una inundación y que representaba a la Virgen María; asimismo, ordenó que la obra fuera copiada a la manera de una pintura sobre un muro de mampostería de adobe, al interior de dicha ermita.

La imagen se conserva actualmente y constituye el mayor tesoro artístico, histórico y religioso guardado en el templo, por todo lo cual es objeto de veneración para miles de creyentes dado el carácter milagroso que se le atribuye. A su vez, la construcción que la alberga sufrió importantes ampliaciones y remodelaciones a lo largo del tiempo, cada una de las cuales le heredó características que hoy permiten catalogarla como un monumento histórico y, por lo tanto, sujeto a la protección de la ley para asegurar su conservación y permanencia.

El sitio donde se asienta formaba parte del antiguo lecho lacustre de la cuenca de México, por lo que ha enfrentado varias vicisitudes a lo largo de los siglos como un suelo poco resistente y presencia de humedad constante.

Ante todos estos inconvenientes la parroquia, apoyada por una comunidad llena de fe y de actuación vibrante de reconocimiento de su patrimonio, ha sido un ejemplo de resiliencia ante los desastres.

El más reciente lo constituyen los terremotos de septiembre de 2017, especialmente el ocurrido el día 19, mismo que, con sus sacudidas y vibraciones, afectó a la capacidad de resistencia de los añejos muros del recinto, dando lugar a graves fracturas y grietas que, cinco días después, derivaron en el colapso parcial de su magnífica cúpula.

Si bien el sismo afectó gravemente al edificio –con el colapso de una parte de su cúpula y linternilla, fracturas en su bóveda y sus muros o con el rompimiento de su piso– y dañó numerosos bienes muebles patrimoniales –esculturas, pintura mural y de caballete, así como tres de los ocho vitrales de manufactura alemana que adornaban el tambor de la cúpula– también vulneró a la comunidad que utiliza al templo como lugar de reunión, convivencia, celebración, reflexión y oración.

Foto: CNMH/INAH

La Secretaría de Cultura federal reconoce a la iglesia como uno de los 291 bienes patrimoniales dañados por los sismos del 2017 en la Ciudad de México.  La parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles ha sido el mayor reto que se ha enfrentado en materia de restauración del patrimonio en la Ciudad de México. Los trabajos realizados en el inmueble a partir de 2020, dirigidos a la protección y estabilización de su estructura; a la realización de estudios técnicos y del proyecto de consolidación estructural y restauración de sus valores patrimoniales; la ejecución de los trabajos de restauración en el Camarín de la Virgen y a la puesta en marcha de acciones de consolidación y rehabilitación estructural de sus muros, bóvedas y cúpula mayor, han requerido, hasta el pasado 2023, una inversión de 37.5 mdp.

En este último año del PNR el santuario representa una alta prioridad para su conclusión en los próximos meses. Las actividades que se llevan a cabo son la terminación de la consolidación de bóvedas y muros; integración de aplanados en el interior de la nave; finalización del tambor de la cúpula y sus óculos y vitrales; restitución de los arcos y casquetes de la cúpula principal; reconstrucción de la linternilla y restitución de aplanados tanto al exterior como al interior de la cúpula.

También se emprenden trabajos para la restitución y renivelación de los pisos de la nave; la impermeabilización de las cubiertas; restauración de la fachada y de las torres-campanario y para la atención de diversos bienes muebles: pinturas, vitrales, órgano y altar.

Finalmente se rehabilitará la instalación eléctrica y la iluminación interior. Los recursos por ejercer para la terminación de las intervenciones programadas son del orden de 52 millones de pesos adicionales.

Todo lo anterior es coordinado de manera general por la Secretaría de Cultura, a través de la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural. En tanto, la supervisión de las obras la lleva a cabo el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de sus coordinaciones nacionales de Monumentos Históricos y de Conservación del Patrimonio Cultural.

Un aspecto relevante de los trabajos que se realizan en el santuario tiene que ver con la atención a una feligresía que tiene un gran aprecio y cariño por su monumento. Se ha colaborado con un amplio grupo de representantes de la comunidad que cumplen un papel relevante en la toma de decisiones, la vigilancia de la aplicación de los recursos, la verificación de la calidad de los trabajos y el apoyo para informar, al grueso de los vecinos y usuarios del templo, de avances y situaciones diversas como la planeación de las fiestas patronales, en coordinación con las autoridades, para no obstaculizar el avance de las obras pero también para mantener las tradiciones locales, aun en condiciones poco favorables. 

La participación de los representantes de la Iglesia católica, resguardantes oficiales del monumento, también ha sido enriquecedora, toda vez que su conocimiento de los detalles técnicos y sus aportes a las acciones realizadas, ayudan a establecer, de cara a tiempos futuros, un protocolo de conservación a través del mantenimiento preventivo del edificio.

La historia tan interesante de este magno monumento se remonta al siglo XVI y en ella resaltan los diversos arquitectos que intervinieron para transformar una pequeña ermita de adobe en una magnífica parroquia que, hoy, es un elemento principal en la identidad cultural de los habitantes de la colonia Guerrero. La historia de este bien de nuestro patrimonio cultural es fascinante y justifica plenamente, por su significado histórico, cultural y religioso, el compromiso de su conservación en beneficio de las siguientes generaciones.

Por Ar. Arturo Balandrano Campos

EEZ