CÚPULA

Desafio al orden

La sorpresa, la memoria, la celebración, la vida y la muerte, son elementos en la obra de Luis Figueroa

EDICIÓN IMPRESA

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Créditos: Fotos: ESTUDIO WAP

Cuando era niño, el artista Luis Figueroa (Caracas, 1993) creció entre las acuarelas y los paisajes de su padre. Sin darse cuenta, la necesidad del arte se estaba implantando en él, de la misma forma que alimentarse o respirar.

En entrevista, el también escultor contó que fue hasta que estudió de forma profesional en la Nova Scotia College of Art and Desig, de Canadá, y en la Universidad Autónoma de Nuevo León, cuando se cuestionó lo que quería transmitir al mundo a través de su creación.

A lo largo de su carrera, Figueroa se ha propuesto explorar los territorios de lo figurativo y lo abstracto, movimientos en los que conviven sus interpretaciones de la naturaleza, la sorpresa, la negociación, la memoria, la identidad, la celebración, la vida y la muerte.

“Mi trabajo propone una dialéctica entre el ser y el espacio para comprender la realidad a través de la construcción de escenarios, donde convergen la figuración y el color, la exploración cromática y estética”, explicó el pintor. Figueroa siente el mismo respeto por lo ambiguo, lo incierto y lo desconocido; estos elementos guían, de alguna forma, todo su trabajo creativo.

Con más de una década de trayectoria, el creador también reflexionó sobre la condición que viven los artistas en México y en América Latina: “Soy una persona afortunada que puede tener una vida digna ejerciendo lo que le apasiona, sin embargo, no quiero ser romántico: sé que no es fácil y que no es igual para todos, que antes de poder encontrar una estabilidad —que generalmente es momentánea—, se vive precariedad y no sólo económica, sino cultural”.

Fotos: ESTUDIO WAP

Y agregó: “A veces pienso lo que pasaría si no pudiera vivir del arte, y creo que por lo menos hacer lo que amo convertiría los obstáculos en una oportunidad; por otra parte, precariedad es precariedad, los artistas tenemos una lucha eterna para poder vivir del arte, una disciplina que nutre la conciencia, la humanidad, la empatía, la felicidad, todo, en pocas palabras, que crea mejores sociedades”.

Con 30 años de edad, el pintor y escultor ha tenido un largo viaje para encontrarse y ubicar un sitio que le permita aprender y crecer en la disciplina; después de su estancia en Monterrey, en 2017, decidió instalarse en la Ciudad de México, lugar que, en sus palabras, “se caracteriza por la diversidad de voces que se manifiestan del arte y la cultura”.

Actualmente exhibe Fruto Amargo, Carnaval, muestra que se exhibe, hasta junio próximo, en Galería La Nao; la exhibición incluye una selección de 15 pinturas y 4 esculturas de su más reciente creación.

“Las piezas sumergen al visitante en una reflexión entre la celebración y la solemnidad del carnaval destacando cómo este puede ser un espacio de liberación, pero también un desafío al orden hegemónico”, dijo.

En conjunto, “las obras exponen los engaños intrínsecos del carnaval a través de la pintura, abrazando la naturaleza mutable de su proceso creativo, la desintegración y transformación de las representaciones”. 

Para la curadora de la exposición Vanessa Murrell, la obra de Figueroa explora al límite entre entre el orden y el desorden, la censura y el exceso.

La exposición se conforma de obras de pequeño y mediano formato que representan entidades de la comparsa carnavalesca, el diablo, las flores, los ángeles y el flujo perpetuo y continuo de la vida.  

Por Azaneth Cruz

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