Di Vagando: “Roma”, un ejemplo de amor que duele

La doctora Rocío Arocha analiza la presencia del amor en la película "Roma" del director mexicano Alfonso Cuarón

Mucho se puede pensar al rededor de la película Roma. Ha obtenido diversos y muy merecidos premios. Toca de muchas maneras diversos e interesantes temas. Se trata de mujeres, de hombres, de la infancia perdida, del México de entonces, pero sobre todo del amor. Del amor de Cleo. En todos los grupos hay una persona que se ofrece, de modo inconsciente, al sacrificio. Su sensibilidad hace que ofrezca su vida, su salud, sus posibles logros para absorber el dolor de los demás. Y se inmola.

En la película de Cuarón, podemos observar como el peligro de la muerte está presente todo el tiempo: el hijo más pequeño de la familia habla todo el tiempo de la muerte. Cleo finge estar muerta en la azotea. Los niños juegan a estar muertos, el hermano mayor avienta una piedra al menor y la abuela dice -podrías haberlo matado, luego en el incendio del rancho corren peligro de muerte, después en la escena de la playa están al borde de morir ahogados.

A pesar de todos los peligros hay sólo una persona de ese grupo que muere: la bebé de Cleoy es ella quien carga con la muerte. Carga con el abandono del padre de su hijo y con la muerte en su vientre.

A veces actuamos así: por amor al otro hacemos sacrificios que nos cuestan la vida. En ocasiones, cuando vemos sufrir a aquellos que amamos, preferimos sabotear nuestra felicidad, nuestra posibilidad de alcanzar lo bueno, otorgando una especie de recompensa al otro. Para que ustedes, familia, no sufran, me provoco un dolor mayor, así, los libero de su dolor.

En cada familia podemos encontrar a ese, al que se ofrece, y se sacrifica por los otros. Es extraño, pero así ocurre. Claro que mientras menos consciente es una situación, la gravedad aumenta.

Para la almohada

Es importante revisar si estamos cargando pesos que no nos corresponden y si nos estamos sacrificando por los demás. A cada quién le toca la responsabilidad de su propia vida y no debemos permitir que seamos el chivo expiatorio de la familia. Al menos, debemos reconocerlo.

Doctora Rocío Arocha

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