Di Vagando: El Día de Muertos y la angustia de la separación

La muerte y la vida van de la mano, no hay una sin la otra, sin embargo los humanos reaccionamos muy diferente a estas situaciones, nos explica la doctora Ruth Axelrod

Es un gran placer llegar a la celebración del Día de Muertos o la celebración
de todos los santos cada primero de noviembre, siendo ciudadanos
mexicanos.

Esta celebración nos lleva a los rituales tan específicos que llevamos a cabo
anualmente de poder pensar la muerte de forma muy diferente de la forma
como lo hace cualquier otra persona perteneciente a otra cultura o etnia.

Nuestra cultura sobre la muerte se caracteriza por rituales y costumbres que
avalan a todas las personas, sin importar su edad o su estado civil y es
invaluable el poder tener un juego lúdico frente a lo que es imposible de
evitar, aquello de lo que ninguno de nosotros podrá escapar, la finitud, juego
contradictorio de presencia y ausencia.

Si bien la muerte puede ser entendida como el fin de la vida siempre es
necesario el juego de los contrastes para poder asimilarla. Un contraste entre
la figura y el fondo que lo marque o lo remarque haciendo lucir  al fondo
diferente que la figura.

La muerte y la vida van de la mano, no hay una sin la otra, sin embargo los
humanos reaccionamos muy diferente a estas situaciones. Festejamos la
vida, aunque a  veces la sufrimos, y nos entristecemos por  la muerte. La
muerte es el hecho real de saber que la persona que llegó a su fin no estará
mas entre los vivos. No hay mucha ciencia acerca del destino final, tenemos
teorías y creencias que nos ayudan a soportar la ausencia de nuestros seres
queridos.

El acercamiento a la muerte nos genera muchas ansiedades, temores e
incertidumbres, aunque no tenemos respuestas únicas a nuestras preguntas
existenciales, si hemos desarrollado rituales para manejarlas. Pensar que la
muerte nos va a separar de nuestros seres queridos nos hace muy infelices,
nos angustia, nos deprime, tener a la mano alternativas culturales que nos
permitan fantasear o imaginar que pudiesen regresar a visitarnos, que viven, que siguen existiendo en otra dimensión nos ayuda a manejar la angustia de
separación frente a la muerte.

Es genial la costumbre de algunas familias de llevar a la tumba de sus
queridos sus comidas preferidas y sus bebidas acostumbradas, para que los
muertos vivan, para alimentarlos y que tengan ganas de volver al mundo
terrenal con el pretexto de convivir, abrazar y estar presentes frente a su
familia. El lugar privilegiado esta en la fantasía de reunión, una fantasía que
hace tradición y nos diferencia para no perder ni nuestros amores trans-
generacionales ni nuestros vínculos afectivos primarios.

PARA LA ALMOHADA

Los rituales y creencias que los mexicanos hemos desarrollado son un arma
importante para evitar la soledad y la angustia que se genera frente a la
muerte de nuestros seres queridos, que alegría ser mexicanos y tener
creencias, que nos ayuden a transitar por esta ineludible realidad.

Por Doctora Ruth Axelrod

 

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