Di Vagando: Controlar no lleva a la felicidad

Creemos que si logramos tener el poder sobre todas las situaciones vamos a encontrar la felicidad, explica la doctora Rocío Arocha

Controlar significa dirigir, ejercer poder, regular, influenciar o disuadir al otro.  Es un anhelo que muchos de nosotros tenemos. Creemos que si logramos controlar al otro va a hacer lo que nosotros deseamos y que eso nos va a dar la felicidad. A nadie nos gusta que nos manden. Y cuando cedemos, sea por amor, por miedo, por dependencia o ingenuidad, en el fondo hay resentimiento.

 

Creemos que si logramos tener el poder sobre todas las situaciones vamos ¡por fin! a encontrar la felicidad. 

 

El sentimiento de vulnerabilidad puede ser aterrador. Impacta en nuestro psiquismo haciendonos sentir miedo, ansiedad, incluso pánico.

 

En nuestra personalidad podemos encontrar muchas áreas que se ven definidas por el tema del control.

 

Cuesta mucho comprender que no lograremos ejercer un control absoluto: ni en las personas ni en las situaciones. Somos vulnerables, interdependientes, frágiles. Es esta la condición humana.

 

Sin embargo, muchos de nosotros aspiramos a controlar nuestro destino, nuestras relaciones, a nuestros hijos aunque ya sean adultos: incluso aspiramos a controlar nuestra muerte.

 

Olvidamos que cuando una persona hace lo que nosotros deseamos de modo obligada, comprometida o forzada, eventualmente va acumulando enojo, coraje, incluso odio. Olvidamos que el piso debajo de nuestros pies no es siempre firme. Olvidamos que nuestro destino no está en nuestros genes y que vivimos en un medio ambiente que si bien no nos determina, si nos condiciona.

 

Esto no significa que no tengamos control. Podemos tener algo de control, sobre algunas de nuestras acciones, eventualmente. Ya Freud nos enseñó que poseemos un inconsciente que puede tomar el control, más allá de nuestros deseos o de nuestros esfuerzos.

 

Ahora bien, si logramos diferenciar entre lo que si entra en nuestro territorio de control, aunque este sea imperfecto, y lo que definitiviamente no nos atañe, sin duda avanzaremos en la compresión de los aspectos de nuestra personalidad que suelen generarnos inquietud, enojo, irritación y desaliento.

 

Los demás no caben en ese territorio del control. Aprender a escuchar y a respetar las necesidades de los otros puede contribuir a mejorar significativamente nuestras relaciones. Dedicar nuestra energía a lo que si podemos controlar, a veces, puede conducirnos a vivir una vida más ordenada, más organizada, más tranquila y con mayo libertad.

 

Para la almohada:

 

Las personas necesitamos y anhelamos controlar a las personas y a las circunstancias olvidando que esto es simplemente imposible. El respeto a la voluntad y a la libertad de los demás es fundamental. Son pocas las cosas que podemos controlar y son las que nos corresponden a nosotros mismos. Comprenderlo puede contribuir a mejorar nuestras relaciones con los otros.

 

Por: Rocío Arocha

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