La pionera Soraya Jiménez

La pionera Soraya Jiménez

En este día se conmemoran 20 años del oro olímpico que logró Soraya Jiménez, el primero para las mujeres mexicanas, el que abrió el camino para ellas entre los prejuicios

Esos 222.5 kilos eran más que un grupo de pesas sobre su pecho. Al levantarlos, Soraya Jiménez encumbró también un mensaje: las mujeres sí pueden competir con éxito en “deportes para hombres”.

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Era el año 2000, eran los Juegos del Milenio y aunque un nuevo siglo abría las puerta olímpicas en la capital australiana de Sidney, los prejuicios sociales eran aún una etiqueta muy arraigada en los límites impuestos sobre ellas. Soraya saltó de gusto al saber que, tras años de romper las barreras de miles de “no”, esa noche del 18 de septiembre se convertiría en la primera mujer mexicana con un oro olímpico, la primera medallista de Sidney 2000 para nuestro país y la primera atleta que entonaría el Himno Nacional en 16 años, pues desde Raúl González (50 kilómetros de marcha, Los Ángeles 1984) nuestra bandera no tocaba lo más alto del podio.

Aquella noche de septiembre, el sinuoso camino de su carrera había encontrado el llanto alegre de la victoria, tras múltiples lágrimas de desdicha y dolor.

Nacida en Naucalpan, Estado de México, el 7 de agosto de 1977, junto con su hermana gemela Magali Jiménez, Soraya conoció la dulzura y el esfuerzo de distintos deportes: desde basquetbol, badminton o natación, pero desde los 11 años de edad, descubrió el levantamiento de pesas, y poco a poco transitó en sus caminos exigentes, sin limitante alguna en casa y aunque en muchas ocasiones fuera la única mujer en el gimnasio, sus entrenadores descubrieron un potencial por pulir.

En 1993, a sus 16 años ganó su primera medalla internacional: bronce en la Copa NORCECA de Colorado Springs, Estados Unidos (54 kg.), con 120 kilos totales. En 1997 escribió la primera historia épica para la halterofilia nacional en el Campeonato Mundial Juvenil de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, al ganar bronce en la modalidad envión con 95kg, la primera presea mundialista que logró nuestro país en ese deporte.

Ese mismo año, el Comité Olímpicos Internacional aprobó el ingreso de las competencias femeniles de levantamiento de pesas en los Juegos y el camino que ya labraba la mexiquense encontró con claridad una meta fija.

La temporada de 1999 Soraya ganó plata en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá y en el Mundial adulto de Atenas 1999 alcanzó el octavo sitio (84kg. arranque, 112.5kg. envión para 187.5kg. totales) y con ello la plaza a Sidney 2000 y un largo camino exigente por mejorar sus marcas.

Soraya llevaba en la sangre la estirpe olimpica, pues su tío Manuel Mendivil Yocipucio ganó bronce en las pruebas ecuestre de los Tres Días en los Juegos Olímpicos de Moscú 1988, pero lo que ella enfrentaría era una experiencia inédita. No había mujer en el mundo que antes de ella viviera una experiencia olímpica en la halterofilia y a pesar de ello, el temple fue más grande que la maestría.

Soraya vivió un férreo duelo ante la favorita del evento: la norcoreana Ri Song Hui, cada levantamiento iba una uno cambiando de líder y al final, 500 gramos hicieron la diferencia: Jiménez ganó oro con 222.5kg. (95kg. y 127.5kg. ) por 222kg. (97.5kg. y 122.5) de la asiática. La tailandesa Kassaraporn Suta se quedó el bronce (210 kg, 92.5 kg. y 117.5 kg).

Soraya se convirtió en la inspiración de miles de mujeres que reforzaron su convicción de hacer historia en el deporte y las nuevas generaciones que decidieron dedicar su vida al deporte: desde las pesas, el futbol, el boxeo o el taekwondo, entre ellas, la triple medallista olímpica María Espinoza.

Soraya fue seis veces campeona nacional en la división de 58 kg y pronto más mujeres mexicanas dirigieron sus rumbos hacia el levantamiento de pesas; hoy el país cuenta con tres medallistas olímpicas en este deporte: la propia Soraya, Damaris Aguirre (bronce 75 kg. de Beijing 2008) y Luz Mercedes Acosta (bronce 73kg. Londres 2012).

Sin embargo, con el mismo brillo que irradió su nombre, fue la intensidad con la que la adversidad se abrazó de su vida. Primero fue señalada por falsificación de documentos escolares para contender en un evento y en junio de 2004 anunció su retiro deportivo, antes de buscar su clasificación olímpica a los Juegos de Atenas 2004.

Las lesiones fueron el precio final de su alta exigencia competitiva. A los 30 años sus piernas eran las de una persona octogenaria y sumaba 14 cirugías en la rodilla izquierda; sin embargo, su salud fue en realidad la más trastocada y poco a poco esa luz se apagaba: padeció un aneurisma, perdió un pulmón a causa de una influenza Tipo B de la que enfermó durante su estancia en Río de Janeiro, Brasil (a donde asistió durante los Juegos Panamericanos de 2007); en 2009 cayó en coma pues enfermó de Influenza AH1N1, contagio que la tuvo al filo de la muerte y en coma por 15 días, luego padeció una vez más influenza estacional y cinco paros cardiorrespiratorios

El pasado 28 de marzo se conmemoraron siete años de su deceso. Soraya murió aquella madrugada en su domicilio a los 35 años de edad, pero dejó la estela dorada de los logros que alcanzó su esfuerzo en la adversidad y lideró a la generación que abrió las puertas del respeto y la credibilidad hacia el deporte femenil.

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POR: KATYA LÓPEZ CEDILLO
BGM


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