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Pelé se coronó con sombrero charro y Brasil conquistó el tricampeonato en México

DEPORTES

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Cuando a Brasil lo echaron del Mundial 1966 en la fase de grupos, Pelé renunció a la selección. No sólo era el dolor físico de aquellos rivales que lo cosieron a patadas en Inglaterra, el golpe anímico también había tocado su espíritu.

Durante tres años, separado de su equipo nacional, el nativo de Três Corações se entregó al Santos, ganando trofeos individuales y colectivos, y preparando lo que, con el tiempo, sería su consagración como leyenda en lo que fue su retorno triunfal.

La cita fue en México 1970, el Mundial que confrontó en la final a la Canarinha de Mário Zagallo y a la Italia de Ferruccio Valcareggi. Los dos países más ganadores del orbe, en ese entonces con dos coronas, también pugnaban por quedarse a perpetuidad la Copa Jules Rimet, como se decretó al principio de esta competición.

Foto: Mexsport

Pelé ya sabía lo que era estar en la cima del mundo, lo consiguió por primera vez a la edad de 17 años, al vencer al anfitrión Suecia en 1958. Durante esa justa hizo seis anotaciones.

Cuatro años después volvió a levantar la copa, aunque no pudo brillar por lesiones. Luego vino el golpe en tierras inglesas, y la historia alistaba su mayor logro en el Estadio Azteca.

Durante la final del 21 de junio, de hace medio siglo, no había nadie más que Edson Arantes do Nascimento para comenzar la orquesta. De un centro de Rivelino, el 10 brasileño conectó un cabezazo certero a los 18 minutos de juego, para así abrir el marcador.

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“La admiración principal era Pelé. Él, como embajador extraordinario, siempre tuvo referencias buenas hacia México. Él sintió el cariño y se identificó mucho con los mexicanos, supo que aquí tuvo una parte importante en el apoyo y siempre fue local”, recordó Enrique Borja, ex seleccionado del Tricolor, y quien también jugó contra O Rei en amistosos internacionales.

Antes de concluir la primera mitad, Roberto Boninsegna puso resistencia a la aplanadora sudamericana, igualando las cifras, al 37’.

Pero para el complemento, Brasil decretó su reinado extendiendo la cuenta con los tantos de Gerson, al 66’; Jairzinho, al 71’; y Carlos Alberto, quien a pase sereno de Pelé, al minuto 86, hizo el 4-1 firmando la anotación que fue conocida como El Gol del Presidente, ya que en la previa del juego, el mandatario brasileño Emílio Garrastazu vaticinó este marcador en la final de la Copa del Mundo.

Con el pitido final del silbante Rudi Glöckner, la afición mexicana se desbordó vitoreando a la Canarinha y su gloria eterna. Todos querían tocar y sentir la magia del rey.

Llegados los festejos, un aficionado sacó un sombrero charro, ese símbolo cultural mexicano que Brasil conoció durante su estancia en Jalisco, y que Pelé se colocó en la cabeza como una corona. Paseándose en hombros por el campo del Estadio Azteca, O Rei fue aclamado por el mundo y su leyenda se consolidó. 

Foto: Mexsport

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Por J. Alexis Hernández

jram