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Andy Ruiz Jr, el Tyson mexicano

DEPORTES

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El paradigma más que conocido en el boxeo del siglo pasado, y lo que va de éste, que era una creencia absoluta para la gente de este deporte: “Un boxeador con sobrepeso no está nunca en su mejor forma física, y no puede pelear con la efectividad que lo caracterizaría sin los kilos que le sobran”, al parecer quedó destrozado cuando Andy Ruiz Jr. conquistó la corona mundial de peso completo, en tres de sus cuatro versiones actuales, imponiéndose por nocaut técnico al británico Anthony Joshua, un joven con cuerpo impresionante, atlético, alto, de brazos largos, con figura clásica de boxeador.

El mexicano es alguien sin pequeñeces de ningún tipo (un metro con 88 centímetros de estatura), especialmente si hablamos de ambición, coraje, valentía y determinación, entre otros aspectos; es dueño de un físico muy distinto, sobrado de volumen de la cabeza a los pies, sin músculos visibles, etcétera, pero increíblemente rápido con los puños, defensa más que aceptable, resistencia, y un poder que está fuera de toda duda (22 nocauts en 33 victorias) con una solitaria y discutible derrota por decisión mayoritaria frente al neozelandés Joseph Dennis Parker, cuando se enfrentaron por la corona vacante de los pesados (OMB) en diciembre de 2016.

Ese es el actual héroe del boxeo mundial, especialmente del nuestro, por la forma en que ganó, por cómo lució de principio a fin, incluso en el momento en el que cayó conectado por un gancho izquierdo del británico. Nunca perdió el sentido de la realidad. Se levantó para irse encima de su adversario, al que unos segundos después tenía en la lona y dominado por completo. A partir de ahí se convirtió en el hombre que mandaba entre las cuerdas, hasta que instantes después, en el asalto siguiente, se consagró campeón.

Sin la menor duda, la hazaña a la que dio forma este boxeador, el monarca mundial número 175 en la historia del boxeo mexicano, impresionó gratamente a la mayoría de quienes presenciaron la acción, tanto en el Madison Square Garden como en otras partes a través de la televisión, el internet y quizá alguna otra de esas cosas, para nosotros raras, que nos ha traído la tecnología en la época actual.

Incluso muchos de los más famosos críticos, y de los otros, de Estados Unidos, México, Inglaterra y varias otras partes, aficionados y enemigos del boxeo, han estado expresándose en la mejor de las formas, tanto sobre lo sucedido en la famosa arena neoyorquina, y cómo lo hizo el mexicano. Éste sólo ha recibido las felicitaciones, buenos deseos y también dinero, hasta ahora la mejor bolsa en lo que va de su campaña, que ascendió según algunos a siete millones de dólares.

Tal cantidad, desde luego, no se podrá comparar ni remotamente con la que reciba en su actuación siguiente; ya sea la revancha, de la que tanto se ha hablado desde minutos después de la aplastante derrota del británico hasta la fecha; o bien, si quien dirige su carrera (¿será, como dicen, el abogado estadounidense Al Haymon?) acepta otra opción, que podría incluir varios retadores que no se consideren demasiado peligrosos; sin descartar lo que en este momento luce improbable, un enfrentamiento con el invicto y tremendo noqueador, campeón del Consejo Mundial de Boxeo, el estadounidense Deontay Wilder.

Por otra parte, queremos incluir en este comentario a otros peleadores que en alguna forma sobresalieron; no obstante que sus físicos no eran lo ideal para alguien que se gana la vida en los cuadriláteros. En otras palabras, estamos hablando de otros “gorditos” que alcanzaron cierta notoriedad.

George Foreman, quien después de un retiro de 10 años volvió al ring con un cuerpo muy distinto al que se recordaba cuando se fue por primera vez. Ahora era un peleador con vientre prominente y muchas más libras que aquellas con las que había reinado entre los pesados una década antes. Sin embargo, conservaba su tremenda pegada y cualidades en general, y reconquistó la faja. Cuando colgó los guantes de manera definitiva, la TV lo llamó como comentarista de sus principales peleas y siempre lo hizo muy bien.

Hace algunos años se vio en los rings, especialmente de la Unión Americana, a otro “obesito”, El Butterbean Eric Esch, a quien nunca se consideró un gran estrella; sí en cambio fue visto por millones, ya que aparecía en muchos de los más atractivos programas y era un noqueador espectacular. Combatía siempre a cuatro rounds y ganó la mayoría de sus peleas. Una de ellas, a 10 asaltos, la sostuvo contra el exrey de la división pesada, Larry Holmes.

Y más atrás, allá por las décadas de los 30 y 40, existió otro peleador en la escena pugilística estadounidense, quien peleaba con el hombre de Tony Galento, al que apodaban el Dos Toneladas. Este púgil llegó a disputar el título mundial de los completos a Joe Louis, al que derribó, aunque el campeón se levantó para ponerlo fuera de combate.

El boxeador mexicano demostró que la apariencia física no es lo más importante para triunfar en el ring. 

Por Víctor Cota