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John L. Sullivan, gran ídolo en peso completo

DEPORTES

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Nadie en su momento de apogeo pudo vencerlo, ni siquiera ponerlo en peligro en ninguno de los escenarios que utilizaba para sus combates, que eran cuadriláteros rudimentarios, tabernas o simplemente la calle. Su nombre fue John Lawrence Sullivan, hijo de inmigrantes irlandeses que nació en la Calle de la Concordia, situada en un suburbio de Boston, Massachussets, conocido como Roxbury. El púgil mencionado pasó a los anales del boxeo como el primer hombre en recibir el reconocimiento de “campeón mundial” de peso completo, y se convirtió de hecho en el primer ídolo que tuvieron los aficionados de la Unión Americana. Sullivan fue el rey indiscutible de la división cuando todavía se combatía con los puños desnudos; simplemente estaba etiquetado como invencible, y así llegó a la primera pelea titular de peso completo con guantes. Tal encuentro significó la debacle de su carrera, pues fue ahí cuando sufrió la primera derrota de su vida en el boxeo. Sufrió un nocaut en 21 asaltos que le propinó Jim Corbett, también estadounidense, pero nacido en California. Esto sucedió en el Club Olímpico de Nueva Orleans y el choque se llevó a cabo con guantes de 5 onzas, y en general, bajo las reglas del Marqués de Queensberry. La técnica defensiva y habilidad en general de Corbett fueron demasiado para aquel golpeador que había vencido a los mejores de su tiempo, entre ellos, Paddy Ryan, Jackie Kilrain, Charlie Mitchel, Jack Burke y otros. Fue tal la decepción sufrida por Sullivan, que estuvo fuera del boxeo por espacio de varios años. Cayó frente a Corbett el 7 de septiembre de 1892, y se mantuvo inactivo desde ese momento hasta 1895. Un año después sostuvo una exhibición de tres rounds, y una más en 1905, cuando decidió definitivamente irse de los cuadriláteros, momento en el que ya era un hombre de 47 años. Quedaron atrás todas sus aventuras, las que eran recordadas por todos como anécdotas especiales, añoranzas de momentos que se sucedieron durante su juventud, en la que hacía acto de presencia en todos los bares de las poblaciones a las que solía viajar, con el fin único de ganarse la mayor cantidad de dólares posible, pues de eso vivía. John retaba a todos, diciéndoles que no había hombre en el mundo capaz de vencerlo. Siempre apostó a su favor y nunca falló en ese tipo de encuentros, hasta que decidió convertirse en un profesional, carrera que se inició en 1878, y llegó el final el 1 de marzo del año, ya mencionado, 1905, habiendo dado forma a un historial de 46 batallas, de las que ganó 30, por la vía del nocaut, y perdió solamente una vez. Sullivan nació el 15 de octubre de 1858, y llegó al final de sus días el 2 de febrero de 1918. Para su tiempo, fue un ídolo de dimensiones enormes y sus funerales constituyeron algo que por muchos años no fue olvidado por nadie de quienes estuvieron presentes para darle el último adiós. Sullivan no solamente se dedicó al boxeo. Cuando se hallaba en su mejor época como peleador y era muy popular, también presentó varias obras de teatro en las que fue protagonista de los papeles principales. En esto último él tomaba todas las decisiones, mientras que en todo lo relacionado con su campaña boxística, tuvo en su esquina a elementos como William Muldoon y Jim Kelly, entre otros, mientras el que se encargaba de todo lo relacionado con el aspecto de negocio, sus bolsas, repartos, etcétera, llevó el nombre de Bill Madden, según asegura la historia en varias de sus versiones. John L. Sullivan no solamente era afecto a los bares, fiestas y reuniones en las que hubiera “copas”, también en el aspecto de los romances estaba presente cuantas veces pudiera hacerlo. Oficialmente contrajo matrimonio en tres ocasiones, pero hay quienes dejaron escritos asegurando que fueron más de cinco veces las que se casó. En 1990 fue inducido al International Hall of Fame de Canastota, Nueva York, y muchos años antes fue considerado en el primer Salón de la Fama del Boxeo, el creado por Nat Fleischer. Fue el primer gran ídolo de la afición de Norteamérica, y su fallecimiento lo ocasionó un infarto, lo que en aquellos tiempos era conocido por casi todos como un “ataque al corazón”.   Por VÍCTOR COTA