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La fuerza de Leo, sobreviviente del colegio Rébsamen

DEPORTES

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Leo Farías pasó cinco horas entre los escombros de la Escuela Enrique Rébsamen. Cinco, aunque parecieran más. El mayor riesgo estaba en sus piernas, después de que varios muros le cayeron encima. Sus primos, Angelina y Máximo, habían sido rescatados instantes antes por sus padres, cerca de una de las orillas. Pero faltaba él. Y en esa búsqueda siguieron Fabián y Yanine, con ayuda de su tío Franco, un hombre dedicado a las obras.

Con dos gatos hidráulicos, la familia de Leo logró rescatarlo. Sus gritos, sin embargo, eran demoledores: '¡Ya sáquenme de aquí! ¡Sáquenme!'. Los doctores lo atendieron en el Hospital Naval Militar, aunque advirtiendo sus pocas posibilidades de vida: uno por ciento y no más. La falta de circulación en la sangre colapsó su hígado, el riñón y le provocó al menos un paro respiratorio. No obstante, su luz sigue viva. Aunque tiene problemas en uno de los pulmones, la esperanza médica se ha multiplicado, sin más uso del marcapasos ni tampoco de la hemodiálisis. En esta tarea, los héroes de Leo, un pequeño aficionado al futbol y jugador del América, con apenas ocho años, lo acompañan con videos y mensajes de ánimo, en otras partes del mundo. El último en hacerlo fue el brasileño Dani Alves, desde Francia. Pero antes también estuvieron Rafael Márquez, Cuauhtémoc Blanco, Héctor Herrera, Miguel Layún, Rubens Sambueza y el francés André-Pierre Gignac, por medio de redes sociales. LEE: Cristiano Ronaldo recuerda a Santiago Flores Mora, fallecido en Colegio Rébsamen "Al estar sedado, no puede verlos. Aunque sí los escucha", explica uno de sus familiares, en el hospital. "Fabián y Yanine, sus papás, se están encargando de ponérselos. El efecto que provoca es sensorial, porque son jugadores que admira mucho. El día que despierte, la emoción va a ser muy grande". En la lista, sin embargo, falta un nombre: el del argentino Lionel Messi, su ídolo, el jugador por el que se hizo, también, aficionado al Barcelona. Sea cual sea la vía del mensaje, su familia espera cumplir su sueño; "por ahora, seguimos en espera". De su salón de clases, en la Escuela Enrique Rébsamen, sólo uno de sus compañeros sobrevivió. Cerca de 16 alumnos, contando a la maestra, fueron encontrados sin vida por rescatistas y voluntarios. Era su primer año ahí, tras haberse mudado a Villa Coapa. Los fines de semana, Leo y su papá acudían a los partidos del América, en el Estadio Azteca. Gritaban los goles de Oribe Peralta, pero también se emocionaban con Agustín Marchesín, bajo los tres postes. Las últimas noticias que llegan del Hospital Naval Militar, son positivas. Leo ha sido sometido a varias cirugías, aunque el corazón todavía resiste. Las horas más difíciles pasaron bajo los escombros, a oscuras, cuando la tierra aún se movía. No obstante, hoy, la fuerza de este niño parece más grande. Por Alberto Aceves