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“Mexican Geniuses”, una experiencia inmersiva de México en Londres

La experiencia inmersiva que integra formatos de espectáculo y museo es una oportunidad para apreciar la obra de Frida Kahlo y de Diego Rivera

CULTURA

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Vista de la exposición "Mexican Geniuses: A Frida and Diego immersive experience", Dock X, LondresCréditos: Cortesía de Fever y Brain Hunter Company

En fechas recientes se estrenó en Londres la experiencia inmersiva "Mexican Geniuses", una producción de la empresa mexicana Brian Hunter y la española Fever, bajo concepto creativo de Philippe Amand, Pablo Corkidi y un servidor. Se trata de una instalación escenográfica y una exposición multimedia que permiten adentrarse en la obra, la vida y los espacios habitados por Frida Kahlo y Diego Rivera, dos de los creadores más representativos del arte moderno. 

Como afirmamos en la cédula general de la exposición: Frida y Diego vivieron juntos durante 25 años y, aunque entre ellos hubo infidelidades y separaciones temporales, nunca una pareja de artistas se profesó tal devoción ni estimuló su creatividad en sentidos tan opuestos. Arte público y arte subjetivo encontraron en Diego y Frida su mayor expresión. Reunir en una experiencia inmersiva a dos de los mayores artistas del siglo XX nos permite adentrarnos en polos de la creación que se suponían antagónicos, pero que aquí se demuestran complementarios. Diego Rivera dio forma y color a lo mexicano; fundador del Muralismo contemporáneo, plasmó la historia y la cultura nacional en miles de metros cuadrados de pintura que definieron una nueva identidad. Por su parte, Frida Kahlo encontró en su experiencia personal la fuente de inspiración primordial. En su obra se funden sueño y realidad, creando así un estilo pictórico inusual. Desde lo plástico, pero también desde el cultivo y la proyección de su personalidad magnética, instaura la idea del cuerpo como territorio y de la subjetividad como expresión emancipadora, aspectos que hacen que tanto ella como su obra encuentren eco en los movimientos feministas posteriores. Mediante la proyección de más de 300 pinturas y fotografías que van del formato miniatura a lo monumental, "Mexican Geniuses" busca envolver sensorialmente al público y hacerlo partícipe de la belleza y la emoción que desborda el complejo universo creativo de Frida y Diego.

Aunque la obra de ambos se presenta a sí misma, estructurar la exposición nos sumió en un complejo proceso de curaduría y guion que tuvo por objeto equilibrar la aparición de uno y otro, provocar el diálogo diacrónico entre pinturas y sucesos biográficos, armonizar estilos y generar un arco dramático que permitiera al público transitar por distintas emociones.

Para explicar brevemente el recorrido, el espectador inicia ante una reproducción de la fachada del estudio de Diego Rivera, puerta de entrada a las salas introductorias, la primera de las cuales recrea con objetos, imágenes, sonidos y cédulas informativas el espacio de trabajo de Diego Rivera. La segunda parte introduce el universo de Frida Kahlo, compuesto igualmente por elementos gráficos, textuales y sonoros. En esta sección se exhibe como diorama La mesa herida, el cuadro de mayor formato de Frida, desaparecido misteriosamente hace más de 60 años. Un telón separa y comunica a las salas introductorias con la galería principal, que proyecta en 360º la historia visual de estos genios. Son 20 escenas que a lo largo de 40 minutos interiorizan un mundo de trazos, formas y colores con la intención de estimular el viaje emocional y estético. La experiencia nos transporta a la primera mitad del siglo XX y en su devenir imprime el espíritu renovador y traumatizante de aquella época. La animación es acompañada por las composiciones y arreglos de Chacho Gaytán, ambientadas sonoramente por Joaquín López Chapman.

El evento obedece a un concepto que integra los formatos de espectáculo, museo y mercado. Por esa razón, las últimas salas están diseñadas para la acción y el consumo de los asistentes: en primer lugar, el público se encuentra con una sala de realidad virtual que ofrece una experiencia VR de ocho minutos; el espectador que decide ponerse el casco se aísla en una historia particular de Frida y Diego. Más adelante se accede a una sala de estar que es ideal para tomarse fotos junto a la Catrina y la pareja de artistas, extraídos del famoso Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. Finalmente, no pueden faltar ni la tienda de souvenirs ni la sección gastronómica, que cierran el círculo virtuoso de esta experiencia denominada consumo cultural.

En lo personal, ha sido divertido y aleccionador explorar el concepto y el lenguaje de lo “inmersivo” junto a colegas admirados. Me queda claro que se trata de una modalidad de arte y espectáculo que apenas está marcando su territorio y aún tiene que aprender a optimizar sus herramientas, pero el formato es un auténtico campo de juego, y, después de todo, se hace camino al andar.

PAL