CÚPULA

Entre sueños

Algunos dicen que los dos grandes genios de las letras murieron el mismo día del mismo año, otros aseguran que el dato es inexacto. Cierto o falso, los personajes que crearon nos conmueven e inspiran

CULTURA

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Entre sueños, relatoCréditos: El Heraldo de México

Se encontraron entre sueños, tras siglos y siglos de silencio. Se vieron a los ojos y lo comprendieron todo, era como si hubieran estado platicando toda la vida, en inglés o en castellano, en prosa o en verso, da lo mismo. Hay almas que no se conocen, se reconocen; el genio busca al genio detrás de cada párrafo o junto a una coma, desentrañando cada hipérbole, segregando las metáforas.

Guillermo: Un día tan feo y bello nunca he visto. ¿Dónde dejaste al Caballero de la Triste Figura?

Miguel: Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Guillermo.

 Los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo a nosotros mismos.

 En cuanto al ingenioso hidalgo, no ha querido venir por miedo a que transformes su vida en una tragedia, en un ser o no ser.

Guillermo: ¡Ah, desdichado! Hace cuatro veces siete años que veo este mundo, y desde que supe distinguir entre daño y beneficio, aún no he conocido a quien sepa amarse a sí mismo.

 Por lo otro, no te preocupes, jamás haría eso con un personaje que no me pertenece, pero considéralo, Miguel, sería interesante que Sancho no fuera tan leal como parece.

Miguel: Cada uno es como Dios le hizo y aún peor muchas veces. Cada quien sus historias y sus personajes. Ten en cuenta que no hay amistad más memorable en la literatura que la de Don Quijote y Sancho, ni amor más grande que el de Dulcinea.

Guillermo: Tú eres uno de esos que cuando entran a una tasca, colocan la espada encima de la mesa. Creo, Miguel, que te estás olvidando de Romeo y Julieta.

Miguel: No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería.

 Anda despacio; habla con reposo; pero no
de manera que parezca que te escuchas a ti mismo.
No dudo que sean fuego las estrellas o que la verdad sea una mentira, pero los mataste y también le arrancaste los últimos suspiros a la hermosa Ofelia y al príncipe Hamlet.

Guillermo: Morir, dormir, no despertar nunca más, poder decir todo acabó, en un sueño sepultar siempre los dolores del corazón. Los maté y se volvieron inmortales y libres. Y la libertad, Miguel, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre.

Miguel: Es cierto, por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida. Me tengo que ir. ¿Cuándo volveremos a vernos, cuando relampaguee, cuando truene o cuando llueva?

Guillermo: Cuando queramos, estimado Miguel, podemos vernos mañana, y mañana, y mañana.

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