CÚPULA

Las oportunidades de una Exposición Universal

Cada una actua como punto de encuentro que impulsa la innovación, disemina ideas y aporta notables legados

CULTURA

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Exposición Universal de París, Palais de l'Industrie, Campo Marte, 1855.

Si existe un fenómeno que ha establecido vínculos interculturales, es sin lugar a duda el de la Exposición Universal. Con capacidad de convocar a cientos de países de todo el mundo, millones de personas asisten a dicho acontecimiento internacional, ofreciendo a los organizadores y participantes la oportunidad de exhibir sus ideas y visión del futuro.

Los aspectos que definen una Exposición Universal, tal como se establece en el Convenio de París de 1928 relativo a las Exposiciones Internacionales, son el deber de educar al público y fomentar intercambio en torno a un desafío universal propio de su tiempo. Sin embargo, la realidad es que cada Exposición Universal ofrece mucho más que eso, actuando como puntos de encuentros globales que impulsan la innovación, diseminan ideas y aportan notables legados. 

Sin embargo, en el pasado las Exposiciones Universales se concebían como constatación y escaparate del progreso, como punto final de lo ya conseguido, pero también como punto y seguido en la carrera hacia el progreso continuo, el progreso indefinido que se presentaba como máxima aspiración de la humanidad.  La “edad de oro” de las Exposiciones Universales, como la consideran varios historiadores, coincidió con las décadas finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Durante estos años tuvo lugar una clara reconfiguración de la geopolítica mundial; se trató de un momento histórico caracterizado por el afianzamiento de las naciones y la invención de las identidades nacionales.

Pabellón de México, Exposición Universal de París, 1889.

De este modo, rivalidades nacionales y competencia entre naciones se superponían dentro de los espacios que las exposiciones generaban. Los esfuerzos por representar a las naciones se expresaban claramente en los llamados pabellones nacionales. En cada uno de ellos, las naciones pretendían representarse por medio de una selección de productos naturales, piezas arqueológicas, entre muchas otras. Cada pabellón nacional intentaba, en suma, ser una maqueta de una nación.

Pero las exposiciones no sólo fueron la oportunidad de mostrarse al mundo, también fueron la ocasión para aprender de él, para informarse de las posibilidades y del avance del progreso científico y tecnológico. 

La primera gran Exposición Universal en la que participó nuestro país, fue la Exposición Universal de 1851, que tuvo como sede la ciudad de Londres; sin embargo, esta presentación fue fortuita.

De acuerdo con María de Lourdes Herrera Feria, la presencia mexicana fue una decisión individual de un conciudadano que decidió participar representando a México mostrando algunas de sus invenciones. Este acto aislado fue suficiente para que años más tarde se enviara formalmente una invitación al gobierno mexicano para integrarse dentro de estos eventos de intercambio internacional.

Fue así que la participación de México como país en las Exposiciones Universales inició en 1855. Con un pabellón de grandes dimensiones, inspirado en la arquitectura de Xochicalco y en la mitología prehispánica, que conjugó el interés por destacar el linaje nacional con la aspiración de mostrarse como un país moderno y listo para recibir inversiones y migración; se aprovechó también el interés de las naciones europeas por el estudio de las culturas antiguas colocando a México en esta sintonía, al mostrar sus contribuciones al conocimiento universal.

. Exposición Universal de París, Palais de l'Industrie, Campo Marte, 1855.

Por otro lado, en su interior se exhibió una gran cantidad de productos, entre ellos algodón, sedas, “vestidos nacionales” de cuero y de paño, sillas de montar, cueros curtidos y pieles exóticas, bordados, encajes, trabajos en carey y muebles. Se enviaron también varios modelos de máquinas para la agricultura y la industria, así como “un modelo de un ferrocarril, por el cual los buques serían transportados de océano a océano a través del istmo [de Tehuantepec]” y un mapa que mostraba “todos los territorios y productos, ferrocarriles y líneas telegráficas”.

Hoy en día, gracias a distintos archivos, podemos conocer la historia de los Pabellones de México, de sus elementos decorativos, de los materiales constructivos empleados,
de las vitrinas y mobiliarios utilizados y muchos otros aspectos, como la manera en la que se estructuraban y funcionaban. 

En ese sentido, una vez que el gobierno de México recibía la invitación, se desplegaba toda una serie de acciones encaminadas a negociar y diseñar el espacio y el proyecto constructivo del edificio que en aquel entonces “había de servir para la exhibición de los productos mexicanos … cuyo tipo [debía destacar] un carácter en el extranjero”.

Bajo la dirección del pabellón, se organizaba también una comisión central integrada por hombres prominentes de la administración y el ámbito cultural del país, quienes se ocupaban de formar los reglamentos y presupuestos necesarios. Dicha comisión emitía comunicados oficiales que se publicaban en el Diario Oficial, dirigidos a los gobiernos y ayuntamientos para requerir su colaboración en la organización, y, sobre todo, en la recolección de los objetos que se mostrarían en este evento internacional. El objetivo de este proceso era alcanzar que nuestro país luciera a la par de las otras naciones participantes, tal y como aparece en un boletín de 1888 en el cual se lee “hacer conocer a las naciones extranjeras los adelantos que ha tenido en todos los ramos la nación mexicana”.

A partir de la década de 1950, las Exposiciones Universales se han convertido en una plataforma clave para compartir soluciones a los múltiples desafíos a los que se enfrenta la humanidad, ya sea la vida urbana, el transporte, la energía o la alimentación.

Más allá del impacto visual de los pabellones por sus innovadoras estructuras, las Exposiciones Universales crean oportunidades únicas para la promoción de la innovación en distintos campos. Así ha sido desde el Cristal Palace en 1851, hasta los pabellones futuristas y sostenibles diseñados para la próxima Exposición Universal que tendrá lugar del 1 de octubre al 31 de marzo en Dubái, en la cual nuestro país participará a través del Pabellón “Tejiendo vidas”. 

Por Bernardo Noval

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