DIEGO RIVERA

Diego Rivera usó el alcatraz como un símbolo de sexualidad en sus obras de arte

El pintor mexicano decidió plasmar en diversas ocasiones esta flor en sus cuadros, convertida en un símbolo de femineidad y sensualidad

CULTURA

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La presencia recurrente de los alcatraces en el arte de Diego Rivera fue impulsado por una obsesión alegórica. FOTO: Especial

La flor de alcatraz o Huacalxóchitl destaca sin duda por sus colores intensos, su belleza y su relación con el arte mexicano; en sus diversas proyecciones artísticas esta flor ha sobresalido gracias a sus innumerables connotaciones ya que se le ha identificado como un símbolo de la femineidad y de la sexualidad en el arte.

Diego Rivera ha sido uno de los pintores que mayor protagonismo dio a los alcatraces en su arte plástico, en donde recurrió a la flor para simbolizarla como un instrumento de la sensualidad, atracción que impulsó en su trabajo debido a una obsesión alegórica. Así podemos ver alcatraces blancos en gruesos manojos que acompañan escenas en las que vemos mujeres u hombres en aislamiento.

Sin embargo, las flores también llenan de protagonismo cuadros en los que las personas aparecen en grupos, en retratos o escenas del México cotidiano, personajes siempre cercanos, e incluso íntimos, en su relación con la emblemática flor. Algunas de las obras que donde más destacan los alcatraces de Rivera son: “Perfil de mujer indígena con alcatraces” (1938), “El vendedor de alcatraces” (1941), “México-Tenochtitlan visto desde el mercado de Tlatelolco”, “Desnudo con alcatraces” o  “Niña con paloma y alcatraces”.

Un sello particular en el arte del muralista

Vendedora de Alcatraces (1938). FOTO: Especial

Sobra decir que Diego Rivera, destacado muralista junto a José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, sentía una peculiar atracción a reflejar e impregnar de sensualidad sus pinturas con la presencia de una figura femenina o de brillantes alcatraces, que iluminaban tanto la tez morena de alguna protagonista como el cuarto de juegos de una pequeña.

Si bien, la presencia de la flor de alcatraz en el arte fue acentuada por Diego Rivera, existen obras del Clásico, el Posclásico y la Colonia temprana en donde ya figura el protagonismo de la flor. Por ejemplo, podemos ver a la flor destacar en una figurilla maya de cerámica, o en un petrograbado. del Cerro Cuailama, en Santa Cruz Acalpixca. También en el Códice de Tlatelolco, en la lámina VIII o en la pintura mural de la planta baja, ubicado en el Convento agustino de Malinalco.

El Vendedor de Alcatraces. FOTO: Especial

En particular la flor que atrajo la atención de Diego Rivera, y que la plasmó en su trabajo, ha sido la planta herbácea originaria del sur de África, cuyo nombre científico es Zantedeschia aethiopica (Z. aethiopic). La flor forma parte de la familia de las aráceas, que comprende al menos 104 géneros. Aquí podemos encontrar los anturios, los filodendros, los aros, las dragoneas y las lentejas de agua. Su cultivo se extendió de Europa, en el siglo XVII, a América, en donde creció de manera silvestre en ecosistemas tropicales.

Posteriormente, la flor de alcatraz fue cultivada en diversas partes montañosas del territorio mexicano, en zonas en donde prevalecen bosques de pino-encino, su cultivo se manifestó en territorios que contaban con una altura de hasta mil 900 sobre el nivel del mar. Con los años también se le conoció con el apelativo generalizado de “alcatraz”, aunque también se le denomina “capote”, “carucho”, “cucurucho” y “lampaz”.