El momento eterno

Una vez que cierta foto sale a la luz, tiene vida propia y carga un potencial de conexión ilimitado

El momento eterno
MEMORIA. “Retrato de Fernanda Gonzalez”. Foto: Zony Maya.

Sin duda, uno de los referentes fotográficos más icónicos es el momento decisivo –ya lo decía con certeza Cartier-Bresson dedicando su vida entera para poderlo hacer patente–. La fotografía, a diferencia de las demás disciplinas artísticas, tiene la peculiaridad de congelar el tiempo, incluso en una fracción de segundo, y lograr hacer que ese instante quede registrado para siempre. Sin embargo, tiene una capacidad aún más profunda, la cual llamaré el momento eterno.

El encuentro de miradas, posiblemente, es la conexión más fugaz e intensa que existe entre dos personas; cuando miramos los ojos de una persona, podemos ver más allá del cascarón corpóreo, es más, podríamos decir que se atisba un pedazo del alma.

Al momento de hacer un retrato, el acto fotográfico replica el momento antes mencionado; el fotógrafo, al ver a través del lente, logra contacto con los ojos del fotografiado y éste regresa la mirada al ojo del fotógrafo. Después de unos cuantos disparos, el cruce de miradas catalizadas por una cámara queda registradas en lo que se conocía como negativo; esto en la actualidad es información intangible en una memoria digital. El momento decisivo e irrepetible queda grabado, y justo ahí comienza el momento eterno, veamos por qué.

“Retrato de Jorge Ramos”. Fotos: Zony Maya.

Una vez que cierta fotografía sale a la luz, ya sea en un formato impreso o digital, tiene vida propia y carga, dentro de sí misma, un potencial de conexión ilimitado. La fotografía está en espera de que nuevos ojos la vuelvan a mirar; una vez que un nuevo espectador observa la imagen vuelve a suceder la conexión, incluso esa fotografía se conecta tantas veces como personas la vuelvan a ver –se convierte en un momento eterno y reproducible– envidiado por la física cuántica, donde miles o millones de personas simultáneamente, pueden entrar en contacto con la persona que estuvo frente a la cámara, por lo que el acto de mirar una fotografía se asemeja el ver a los ojos una persona que está frente a nosotros.

De esto se deriva que la profundidad de la memoria fotográfica –y el momento decisivo van intrínsecamente conectados–, que un momento detenido en el tiempo y el tiempo presente son simultáneos; y que el ver a una persona a los ojos nos hacer sentir que un instante puede durar la eternidad.

ICÓNICOS. “Retrato de George Gittoes”. Fotos: Zony Maya.

Por Zony Maya


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