Timoteo, el ciudadano del mundo

El personaje creado por Rodrigo de la Sierra representa una crítica a la sociedad moderna, con un toque de ironía y humor

Timoteo, el ciudadano del mundo
JUEGO. Rodrigo aprovecha las metáforas visuales a través de la escultura. Foto: Daniel Ojeda
PERSONAJE. El artista lo describe como un álter ego. Foto: Daniel Ojeda

En una viga sobre un péndulo yace de un lado una roca, del otro, un Timoteo queriendo alcanzarla. “Si Timo quita la roca, se va a caer; se trata de aprender a vivir con el problema y balancearse”, dice Rodrigo de la Sierra, el creador de este entrañable personaje, que asegura que, mientras todas las actividades se cancelaron en 2020, su creatividad no se detuvo.

“Es una realidad que vivimos tiempos raros, de adaptación. Por ejemplo, tengo una pieza como de un despeñadero, donde todos los Timos están formados con sus elementos para ‘volar’ y formados para aventarse, creyendo que van a lograrlo, pero se trata de una caída libre”, explica. “Tengo una pincelada depresiva, pero, en realidad, es resiliencia”, agrega, “Él se adapta a las circunstancias”.

“Con la pandemia, se perdió un montón de obra, pero el nivel de fortaleza que adoptamos es lo aplaudible, esto va pasar. Vienen tiempos mejores, y creo que el confinamiento nos hizo más resistentes”.

Pensando

Rodrigo disfrutaba haciendo pausas en su día a día, con un café, su cigarro, su iPad, su libreta, un libro, y se podía quedar cinco o seis horas pensando, leyendo, sacando los pendientes de estudio y, sobre todo, dibujando.

El artista, quien trabaja con base en la observación, ha tenido pausas, perdiendo un tanto de su sensibilidad, asegura, ya que su inspiración viene del contacto con las personas.

“Yo veo a la gente como si fueran caminando y tuvieran nubecitas de diálogos. Es un juego para mí, del que van saliendo reflexiones sobre a dónde van, qué harán y cómo se sienten. Es interesante cómo puedes ver tanto si agudizas tu poder de observación”, desarrolla.

Timoteo no intenta contar una historia, sino concientizar sobre el ego, la economía, las diversas problemáticas sociales, políticas, ecológicas, entre otras situaciones; pero también aborda el amor, el trabajo, la solidaridad y el juego.

El personaje que en un principió se llamó “El ciudadano del mundo” habla de la dualidad que existe en cada uno de nosotros, “somos cuerpo y alma, aunque a veces nos olvidamos más de uno que del otro, y vamos por la vida como en un rush constante”, dice.

Vida seria

“La vida es demasiado seria como para tomarnos tan en serio” es una frase que repite frecuentemente De la Sierra, por ello su creación cuestiona “clichés, hasta ciertos aspectos, muy profundos, pero con toques de ironía y sarcasmo”.

Timoteo apunta a esos absurdos, en donde andamos muy a las carreras y perdemos nuestra parte emocional, por ello, él es la parte intangible y sensorial de cada uno de nosotros.

De acuerdo con el también arquitecto, desde los bocetos, Timoteo ya mostraba ciertas actitudes que denotaban una personalidad fuerte y definida, “con el tiempo va adquiriendo vida propia y un sentido crítico natural, fresco y espontáneo”.

Sobre el momento exacto de su creación, De la Sierra recuerda que se encontraba estudiando artes plásticas y diversos cursos que completaban su formación, cuando en muchos de estos eventos existía una parte dogmática, una necesidad de idealizar a las cosas y a las personas. “Pienso en ese absurdo de estar sentado y ver cómo todos decían ‘sí’ al unísono”. Ahí fue cuando comenzó a caricaturizar esos momentos. “Fue un chispazo de la nada”.

“El ciudadano del mundo” era un ente urbano. Entre sus cursos, Rodrigo se volvió un analista de su entorno y de la persones, de quienes apuntaba sus detalles. “Lo fui absorbiendo, transformando y creando al personaje”, apunta.

Por eso lo diseño chaparrito, gordito, bonachón, peloncito, con ciertas características de comicidad que logran identificarlo en todo tipo de entorno y con cualquier persona, ya sea hombre o mujer.

 

Timoteo es el ente de la sociedad que viaja con la máscara del anonimato. “Este personaje no necesita un rasgo definido, y lo que busco es un reflejo de ellos mismos. Que quien vea la obra descubra una identidad, por eso no tiene rasgos definidos”.

EL EFECTO TIMO

El sentido de una obra es conectar con la gente y, para ello, el espacio público tiene un papel primordial. “Es importante la interpretación del espectador: El artista abre la puerta. El espectador le da magia, se queda con una reflexión. Y la pieza genera un parteaguas en él”.

Cuando el público cierra el ciclo al apreciar la obra del artista, puede gustarle o puede no conectar con ella; si le hace sentir un cambio en su personalidad, el trabajo esta concluido. “En redes sociales, por ejemplo, el espectador sube una foto con un mensaje que le inspiró la pieza, de acuerdo con su vida privada y a sus experiencias personales; al tomar el ángulo perfecto, la está interviniendo, abrazándola. Se vuelve una segunda exposición, ya que realiza una reinterpretación. Hay un momento antes y uno después de verla”.

Rodrigo recuerda que, durante el montaje de una exposición en el Museo de Arte Moderno del Estado de México, observó como un empleado del personal de limpieza se detuvo primero frente a una escultura de Leonora Carrington, siguió su camino, después, al ver un Timo, sacó su teléfono celular, tomó una foto y siguió caminando. “La muestra ha sido un éxito”, le dijo la directora.

“Cuando es leída por alguien que te regala un minuto de su tiempo, eso encumbra a la pieza, ni siquiera al artista. Esto es a lo que un pintor o un escultor deberían aspirar siempre: que su trabajo hable lo suficiente”.

Para Rodrigo, este personaje ha evolucionado mucho, debido a que él mismo ha cambiando con el paso de los años. “Tengo la confianza de atreverme a más, así como la capacidad de síntesis. Antes era muy crítico al hacer un discurso y tenía que rodear de elementos a la figura, ahora tengo la armonía más clara, mayor madurez”, explica sobre el crecimiento de su compañero, quien le permite abordar cualquier temática, “me da la oportunidad de profundizar”.

Por Melissa Moreno


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