Sobre el escribir, la médula y el proto-molusco-cefalópodo

Reflexión sobre el acto de narrar; este relato es una declaración de principios sobre la creación surgida desde lo más profundo

Sobre el escribir, la médula y el proto-molusco-cefalópodo
LIRAYEN BAEZA. Fotografía de un pensamiento, 2021. Mixta, acrílico sobre papel y edición digital, 25 x 25 cm. Cortesía de la artista. IG: @lirayenbaeza.

Tengo miles de páginas en blanco, ésta es una de ellas.

Páginas en blanco y a la espera. Y ni idea si escribir poesía o cuentos o las cuentas o algún garabato mal habido. Lo cierto es que estoy en blanco, como las páginas, como el cielo cuando se nubla y al intentar escribir me vuelvo gris, igual a la lluvia ácida que no se deja esperar. Pero también a veces me desgarro cual nube en el cielo y me vuelvo azul con el firmamento, quizás rojo-arrebol si es de tarde y el sol capota en el horizonte. A la gente le encanta manosear el ¡escribe con el corazón! Yo soy de la férrea convicción de que escribir es un proceso medular. Veo infinitas falencias para escribir con el corazón. Por nombrar algunas: 

1. El corazón se detiene sólo en la muerte y la escritura es un proceso parcelado. Si no dejamos de escribir, aunque sea por algunos días, nos sobrecocemos por dentro. La literatura es una caldera, y tanto en la magia como en la cocina –que a veces son lo mismo, pero nunca iguales– todo depende del tiempo de cocción.

2. Existen demasiados vicios que menoscaban el corazón y aumentan su estrechez, como, por ejemplo: (para qué nombrarlos).

3. El corazón es el inconsciente. ¿Cómo así? pensemos con el corazón… ¡La frase tropieza sobre sí misma! El corazón siente y ya. La médula no, ella es ambos; conciencia e inconciencia. Hay emociones que nos bajan por la espalda como patitas de ciempiés e ideas que nos golpean como mazazos certeros en plena frente. La médula es el músculo donde intersectan todos los mundos.

4. El corazón está delimitado por un lugar preciso en la caja torácica. Es decir, abarca sólo una región. La médula, considerando sus extensiones que inervan cada inalcanzable espacio del cuerpo, es total. En otras palabras, no hay territorio del cuerpo que no esté conectado a la médula. Y si sumamos al tronco encefálico y cerebro, sólo somos una bolsa de carne llevada en andas por un ser proto-molusco-cefalópodo que tiene más de hollywoodense que de humano.

5. Escribir con el corazón es el peor de los clichés, y los clichés son la peor de las casas prefabricadas: limitadas y frías, para el sentido ardiente y expansivo que tienen las palabras en nuestro interior. 

En realidad, quería escribir un cuento. ¡Menuda digresión! Es más, ahora estoy en la biblioteca con la médula entre las manos. A veces me excuso para escribir, otras para no escribir. A veces me excuso para pensar y para dejar de hacerlo. Casi siempre me excuso para sentir, porque dejar de sentir marchita el alma y endurece la muñeca ¿Cómo hacer sentir a otros si nosotros mismos dejamos de hacerlo? A veces me excuso para escribir, otras para callar también. 

Tengo miles de páginas en blanco, esta ya no es una de ellas.
 

Por Bastián Besnier di Biase
 


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