El arte no tiene por qué parar

El arte no tiene por qué parar
El arte no tiene por qué parar

Mario García Torres (Monclova, México, 1975) es uno de los artistas mexicanos con mayor presencia internacional; su obra ha sido presentada en las Bienales de Venecia y Berlín y ha expuesto en el Jeu de Paume; el Walker Art Center, de Minneapolis; el Museo Stedelijk, en Ámsterdam; el Museo Tamayo, entre otros. Su obra forma parte de los acervos del MoMA, de Nueva York; el Centro Pompidou y el Tate Modern, en Londres.

Siempre has estado involucrado con los museos, en ese sentido y al ser un fuerte promotor de iniciativas y proyectos para mantenerlos vivos durante el confinamiento, para ti, ¿qué significa visitar un museo? ¿Una exposición? ¿Qué experiencias generan dichos espacios?


Los museos son lugares a los que uno puede ir a pensar, en los que uno puede dejar el mundo exterior por un momento, lugares de introspección, de tranquilidad, de intimidad, donde a través de las obras, de las exposiciones, de los objetos que están ahí, te van dando excusas para pensar cosas, ir haciendo tu propia historia, tu propia narrativa. Con la pandemia empecé a entender una cosa distinta: entendí cómo un museo, más allá de las obras de arte, es infraestructura y todas esas fisonomías generan una experiencia. No había comprendido tan claramente al museo como un espacio de tranquilidad e intimidad.

A inicios de junio inauguraste en el Museo Jumex un proyecto en respuesta al cierre temporal de las instituciones culturales. ¿Qué significó para ti esta exposición y qué reflexiones surgieron en el contexto actual?

PÚBLICO. Primer visitante al Museo Frida Kahlo, debido a la iniciativa “Museos uno a uno”, 2020. Cortesía: Mario García Torres. Foto: Especial


La exposición “Solo”, de Jumex, justo inició a partir de una discusión con los curadores y un poco pensando qué es lo que iba a suceder con los museos durante la pandemia. Cuando empecé a hablar con ellos, había esta idea de que el arte no tiene por qué parar; los museos son justamente espacios que deben irse moldeando a las realidades de todos los días. De alguna manera parte de la narrativa importante de esa exposición era que no tenemos por qué huir del virus, sino realmente asumir que podemos seguir funcionando bajo nuevas reglas.

Durante el aislamiento promoviste la iniciativa “Museos uno a uno”, cuéntanos sobre los alcances logrados. ¿Qué reacciones generó?
Una de las cualidades del programa “Museos uno a uno” es que pretende cambiar la noción de museo como proveedor de contenido por la de contenedor de un espacio limpio y claro, donde se genere una experiencia íntima y personal. Más allá de la obra, de lo que uno puede ver ahí, el museo nos puede permitir generar un espacio para nosotros. A partir de cómo podemos –me incluyo– hacer para ayudar en ese trabajo de mejora en el sentido de la salud emocional.


Al principio me acerqué a los museos del Estado e inmediatamente me dijeron que era imposible, entonces platiqué con museos privados y encontramos, a través de los aliados del proyecto, que el Museo Anahuacalli y el Museo Frida Kahlo estaban dispuestos a hacerlo. Entusiasmados con la idea, nos tomó más de dos meses ir definiendo cómo podría suceder el programa, cuáles eran los límites, cuáles los beneficios y cómo lo podríamos llevar a cabo técnicamente. El público que ha venido a los museos ha sido público en general y lo que tratamos de hacer fue intentar que la comunidad del arte y la cultura nos ayudara a recibir y a convertirse en custodio de la obra y de los bienes. Tuvimos una gran respuesta y entusiasmo de poder regresar poco a poco. La gente empieza a saber que en realidad no es peligroso ir a un museo, que está desinfectado y que puede funcionar.


Una gran parte del entusiasmo vino de la gente que nos ayudó a llevar a cabo el programa, de convertirse en anfitriones y hacerlo posible. Uno de los objetivos específicos del grupo que se construyó era traer de regreso a la discusión pública la presencia y la importancia de la cultura en el espacio público. [nota_relacionada id=1229424]


Creemos que en la pandemia la cultura y los museos fueron totalmente borrados de la discusión, de todos los calendarios; en ningún lugar estaban, en ningún lugar se apoyó ni se mencionó qué era lo que sucedía, y parte importante del proyecto era ver a la cultura como una actividad esencial. Y que debemos estar nosotros, trabajadores de la cultura, actuando en apoyo a la salud emocional de todo el país y en ese sentido, tomar en cuenta la cultura como algo fundamental para su desarrollo.

En los últimos días, abrieron nuevamente algunos museos en la Ciudad de México. Después de todo lo vivido ¿cómo crees que deba funcionar el sistema del arte en nuestro país?


Los museos, hoy por hoy, están en una crisis muy severa. Primero tenemos que tomar en cuenta que están en una situación económica difícil, y después, lo que creo que está sucediendo y es uno de los grandes desafíos que hay en la reapertura, es que las nuevas reglas que pone el COVID en términos curatoriales y críticos, sí generó un retraso en relación a cómo convivimos con las obras de arte. Creo que regresamos a la idea de “un museo moderno”: un museo solamente de apreciación, de contemplación, donde el público está solo como espectador de algo que sucede.


Esas son algunas de las restricciones que nos atrasan, que la pandemia retrasa en términos curatoriales y museográficos. Tomando en cuenta eso, tenemos que regresar a cuestionarnos de una manera muy fundamental cómo es que vamos a formar esa relación.

Por Raymundo Silva
raymundo@mwg.mx

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