Hacer la guerra, escribir

Hacer la guerra, escribir

La guerra (2019, Páginas de espuma), el más reciente libro de Ana María Shua, representa una pieza clave en el reino de la brevedad que ha venido construyendo. Los microrrelatos de esta obra, como en el celebrado Fenómenos de circo, se tiñen de Historia para reinventarse.

La introducción revela: en la Primera Guerra Mundial, mientras los soldados pasan días en trincheras, los altos mandos organizan la circulación de millones de libros. “Se lee, sobre todo, ficción”. Entre ellos se encuentra La guerra, una obra a la que se le vincula con las fantasías de H. G. Wells y cuya autora es una escritora sudamericana desconocida.

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Sin embargo, se trata de una impresión en inglés, traducida por un tal Steven J. Stewart –traductor al inglés de Shua en la realidad–, de quien se sospecha la verdadera autoría. Este sinuoso e improbable origen nos recuerda a Cide Hamete Benengeli y Cervantes.

Los cuentos brevísimos de La guerra gozan de una especie de camuflaje, pues no transmiten ese pesimismo habitual de las narraciones bélicas. Será porque la escritura cambia de posición, mora en varios registros –algunos reflexivos, otros irónicos, incluso crueles–, y termina imponiéndose a la temática.

En las guerras de Shua se lucha por amor, por religión, por literatura; se buscan estrategias y armas para lograr el objetivo, que “no es matar sino vencer”, y el espíritu de Sun Tzu se vuelve un acompañante leal de las páginas. Existe un aire historiográfico que convierte a estos textos en piezas híbridas, de tal modo que, por su naturaleza, el lector podría preguntarse si la crónica brevísima, la falsa monografía o un testimonio ensayístico, es compatible con la ficción súbita.

Ana María Shua propone pensar el microrrelato como un país que colinda con ciertas fronteras: el cuento, la poesía, el chiste, los aforismos y los pensamientos. “¿Qué sucede? Que a los habitantes de este país les gusta jugar en las fronteras, y entonces hay ciertas dudas con respecto al género. Yo tengo un método infalible: si parece un chiste, es un chiste, si parece un aforismo, es un aforismo. Si uno no sabe bien lo que es, probablemente sea un microrrelato”.

De ser así, quizá La guerra representa el estado más poliédrico del género. La voz narrativa, a veces refugiada en una omnisciencia característica de Shua, busca un equilibrio entre las guerras del pasado y del futuro, donde los ingenieros habrán de inventar gaitas que sean capaces de arrojar proyectiles y aparezcan máquinas para impedir los sueños o interferirlos.

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Las guerras justas existen –afirma la autora–, pero también es verdad que hay de guerras a guerras; acaso una de ellas nos concierne, pues, al leer estos textos, somos testigos impasibles, carne de cañón, francotiradores. ¿Somos el enemigo? Quién sabe. Lo único claro es que, frente al reino de Ana María Shua, estamos indefensos. Habrá, pues, que levantar las banderas blancas. Suplicar piedad.

*Roberto Abad (1988, Cuernavaca), escritor y
músico. Becario de la Fundación para las Letras
Mexicanas en 2019.

POR: ROBERTO ABAD
robertojuarez07@gmail.com
BGM

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