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Que siga la música a pesar de la pandemia

con la pandemia, intérpretes urbanos, como los organilleros, recorren las calles de la ciudad en busca del sustento y alegran la vida de la gente en el encierro

CULTURA

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Una cuadra antes de que el organilo llegue al pie de su balcón, don Genaro escucha su sonido. "Carta a Eufemia" lo alerta y él corre para brindarle una moneda a los hombres vestidos de color caqui. La pandemia provocada por el COVID-19 silenció las calles de motores, pero regresó el sonido de organilleros, marimberos, bandas y músicos en solitario, que ahora deben recorrerlas, en busca del sustento que obtenían en restaurantes, plazas o cruceros.

La contingencia nos orilló a hacer lo que hacíamos muchos años atras: tocar en colonias", dice Juan Manuel López. Del elegante instrumento que hace sonar, salen melodías como "Cielito lindo" o "Sabor a mí", a las que no queda inmune nadie.

El organillero está sorprendido con la respuesta de la gente: "Nos ha ido muy bien, nos olvidamos de ella y hoy que volvimos a retomarla, se emocionan; en el Centro ya llegamos a ser molestia, hay uno en cada esquina, y aquí no".

La cosa no es fácil, ahora hay que ir cargando el instrumento y caminar más. Quizás, como dice Manuel, por eso "somos muy pocos los que andamos así", otros tienen que ajustarse con los mil 500 pesos que están recibiendo de apoyo del gobierno de la ciudad, pero los organilleros no son los únicos músicos urbanos que buscan el sustento en las calles.

Don Albino González toca el trombón desde niño, cuando aprendió en su pueblo, en Oaxaca. Vive en la zona de Chimalhuacán y todos los días se levanta temprano para recorrer las calles de la ciudad. En el Metro Pantitlán se reúne con algunos familiares, y en grupo de siete u ocho personas, tocan cumbias o corridos en colonias como Ermita o Nativitas.

Su esposa, Micaela García, dice que la gente los trata bien, "agradecen que les llevemos alegría", pero con la cuarentena, las cosas se han puesto difíciles: "Ahorita casi no sale, hay muchos músicos, tenemos que caminar más". Y la amenaza del coronavirus sigue presente; algunos llevan cubrebocas, pero otros no pueden usarlo porque van tocando: "Sí tenemos miedo, pero tenemos que seguir trabajando".

En la monotonía del encierro, la música es un respiro. El otro día, recuerda el organillero Manuel, "me gritaron de una ventana '¡Cállate!'. Después me pidieron disculpas y me dijo un chavo que estaba trabajando, eso también lo entiendo, antes que molestar nosotros queremos alegrar".

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POR LUIS CARLOS SA?NCHEZ

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