El arte invisible de la literatura

El trabajo de interpretación de una obra literaria a otro idioma enfrenta en México un escaso reconocimiento y sólo las editoriales más pequeñas lo valoran

El arte invisible de la literatura
En países como España, un traductor de inglés gana alrededor de 2 pesos por palabra. Ilustración: Miguel Ulloa

La visibilización del trabajo de los traductores literarios se ha convertido en una lucha constante que busca que el intérprete de la lengua escrita en otro idioma, reciba el crédito correspondiente por su trabajo, mejores condiciones laborales y una mejor paga.

De acuerdo con Claudia Cabrera, vicepresidenta de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios A.C. (Ametli) y Premio Bellas Artes de Traducción Literaria “Margarita Michelena” 2020 por El hacha de Wandsbek, de Arnold Zweig, es importante dejar de considerar a esta figura literaria sólo como el “transcriptor y comenzar a considerarlo como un creador por derecho propio”.

“Estamos luchando porque en México se pague por lo menos un peso por palabra, sea del idioma que sea, y que este número sea la base para obtener una mejor remuneración”, dice.

La traductora explica que muchas veces las editoriales evalúan la paga de acuerdo con la experiencia, la complejidad, el tiempo y el idioma, por lo que el trabajo de quien tiene menor trayectoria, es peor pagado.

Con más de 50 trabajos traducidos, un traductor con la experiencia de Cabrera puede exigir una remuneración que oscila entre 200 y 300 pesos por cuartilla, mientras que en el caso de los más jóvenes, esta cantidad disminuye.

“Lo primero con lo que se topan los traductores jóvenes, son con quienes ofrecen a cambio de la paga, una oportunidad y experiencia, por lo que el pago es poco”, agrega José Miguel Barajas, traductor literario de francés, alemán y portugués.

Reconocido por su traducción Agencia general del suicidio, de Jacques Rigaut, dice que las editoriales independientes reconocen más su trabajo. En México, un traductor con poca experiencia gana de 80 a 100 pesos por cuartilla, es decir, menos de un peso por palabra.

Por Azaneth Cruz

 

 

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