Cómo debería ser la ciudad después de la pandemia

La crisis actual deberíamos verla como una oportunidad de mejorar la equidad, reducir la desigualdad, así como el tiempo requerido para transportarse, la contaminación, en fin, la manera de cómo podría mejorar la ciudad, y cómo hacerla más habitable y saludable para todos sus residentes

Cómo debería ser la ciudad después de la pandemia
JUAN GUZMÁN. "Lote de autos Impala", 1958. | Foto: Cortesía Colección y Archivo de Fundación Televisa.

La crisis del COVID debe inducirnos a una reflexión de cómo podría cambiar la ciudad después de la pandemia. Desde hace seis meses nos ha mostrado que no está diseñada para situaciones como la que vivimos. La transformación de nuestra manera de vivir y trabajar debe, obligatoriamente, lograr cambios en nuestro medio, sea este el espacio público, la vivienda, la oficina o la manera de desplazarnos. Los arquitectos debemos ayudar a dirigir los cambios que se requieren para mejorar nuestros espacios, con un claro enfoque sustentable y adecuado a la nueva realidad.

En los últimos años hemos tenido crisis financieras y climáticas, ahora tenemos una enorme crisis de salud, social y económica. El riesgo actual debemos verlo como oportunidad de mejorar muchas cosas que no funcionan, mejorar la equidad, reducir la desigualdad, la contaminación, así como el tiempo tremendo para transportarse –en fin– la manera de renovar la ciudad y hacerla más habitable y saludable para sus residentes.

La pandemia ha transformado la manera de trabajar, vivir, estudiar y comprar; será la única razón que permita realizar cambios radicales, como no los hemos hecho en los últimos 40 años –desde la construcción de los ejes viales–; estamos frente a la mejor oportunidad para solucionar la movilidad y transformar la planeación urbana. Esto modificaría nuestra urbe de manera drástica.

No se puede tener una ciudad dividida por colores de uso exclusivo, donde únicamente se permite la vivienda unifamiliar, o la industria ligera en ciertas zonas. Debemos abandonar este modelo para proponer uno más incluyente donde todos los usos estén permitidos: vivienda, comercio, oficina, etc. Ésto y una mucha mayor densidad es la única manera de transformar y mejorar nuestra ciudad; hacerla más humana y vivible. No tener que subsistir en una ciudad como era antes de la pandemia, donde la gente debe desplazarse durante tres o cuatro horas como mínimo, de su vivienda a su lugar de trabajo.

La nueva manera digital de comprar, que en Europa y Estados Unidos está revolucionando y cerrando miles de centros comerciales, probablemente tarde un par de años más en llegar a México. No debe caber duda que debemos reflexionar cómo transformaremos los centros comerciales: muy pronto serán obsoletos e innecesarios. Si por otra parte, el tejido de la ciudad se transforma, sucederá lo mismo con miles de metros cuadrados de estacionamiento, que deberán ser utilizados con nuevos programas de uso, incluso como renovados espacios verdes.

Actualmente tenemos cinco millones de personas que entran a la ciudad por la mañana y vuelven a salir por la noche, llegan para la hora del desayuno y salen para cenar tarde en sus casas, en otro municipio. No es posible solucionar la movilidad más que eliminando la planeación obsoleta que hemos heredado, así como las Zonas Especiales de Desarrollo Controlado (Zedec) que nos rigen y que no tienen ninguna razón de ser. Se requiere la creación de mecanismos útiles y funcionales que comprendan la Zona Metropolitana completa y no seguir segmentándola en diferentes estados, donde los temas no se resuelven.

Si queremos cambiar la ciudad para bien, debemos hacerla multicentrista, donde no sea necesario cruzarla para conseguir un producto o servicio. Donde la vivienda social sea una prioridad y construir en los centros, sobre el comercio y las oficinas; reducir el espacio para los vehículos, incrementar el de los peatones y bicicletas, y, claro, mejorar el transporte público. Se deben crear sitios verdes y parques de barrio, ubicados a 10 minutos de las viviendas.

Parques para todos con infraestructura: bibliotecas, centros culturales locales –que no sea necesario ir hasta Chapultepec para pasear, reflexionar y disfrutar de la naturaleza–. Una ciudad pensada para el peatón, como una red con servicios, donde la mayoría de las necesidades se resuelvan en el barrio y no se requiera tomar un camión o un coche durante cuatro horas.

Una ciudad donde la vivienda mínima sea de tamaño razonable. Casas de diferentes tipos, dimensiones y costos. Viviendas más flexibles, mezcladas en edificios de usos mixtos que compartan predio con comercios y oficinas, donde la actividad humana esté viva las 24 horas de todos los días.

Requerimos corregir las técnicas constructivas para mejorar los edificios para volverlos sustentables. Resolver temas que están rezagados: la estructura, el aislamiento, las instalaciones. Con respecto a la cuestión estructural, se ha modificado el Reglamento de Construcciones y se han reforzado los temas de la rigidez y resistencia de las edificaciones, debido a los sismos recientes, pero la gran mayoría de los edificios –casas, conjuntos, comercios, oficinas– no se han reforzado, no cumplen con el reglamento y en muchos casos son riesgosos. Es un tema que deberá atenderse de la mejor manera antes de que nos caiga un nuevo sismo, mayor que los anteriores, con los resultados que conocemos.

La nula o mala insulación, tanto térmica como acústica, no es suficiente para evitar escuchar la conversación de la habitación inmediata  y, por las tardes, un aguacero hace imposible escuchar nada más que la misma tormenta. El aislamiento mejora el bienestar y tiene ventajas en el ahorro de energía. Se deben actualizar los servicios de agua y luz, el tratamiento de aguas negras, y separar las pluviales, y contar con un veloz servicio de internet que permita el trabajo en casa.

En gran parte del mundo se ha transformado la construcción para ofrecer mayor bienestar y comodidad; debemos emprender el mismo camino y renovar y remodelar prácticamente todas las edificaciones, con criterios de comodidad internacional. No seguir pensando que no se requiere calefacción,  así como aire acondicionado en lugares cálidos.

Si la pandemia puede traer un efecto positivo, será, sin duda, transformar la ciudad. Los cambios de paradigma de una época son a veces tan poco claros y difíciles de leer, que aprovecharlos es sumamente difícil. No debemos olvidar que, bien entendidos y aprovechados, los cambios que hemos realizado en nuestra manera de vivir, trabajar, estudiar y comprar, nos pueden transformar la ciudad para bien.

Por Bernardo Gómez-Pimienta


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