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Sigue En el camino

el 21 de octubre se cumple medio siglo de la partida del pionero de la generación beat, cuyos integrantes, dice Jorge García-robles, siguen siendo incómodos

CULTURA

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Jack Kerouac es un mito, un mito verdaderamente marginal. Es un “ángel de la desolación” que, junto con el resto de escritores que formaron parte de la Generación Beat, se convirtió “en una referencia ética de cómo vivir en un mundo indeseable; de cómo, no solamente resistir, sino vivir con plenitud”, dice Jorge García-Robles, quizá el escritor mexicano que mejor conoce a ese pelotón de incorregibles.

La idea estalló en la cabeza de Kerouac en los 50, era el preludio de la convulsa década de los 60, dominada por la rebeldía, las drogas y la individualidad. Kerouac se convirtió en una bandera, en una llama que no se extingue, incluso medio siglo después de su muerte (que se recuerda el 21 de octubre): “la lectura de Kerouac y los beatniks le dice mucho a un tipo de jóvenes desde entonces, más que por la forma literaria, por el contenido de la misma”, agrega el traductor del escritor.

De prosa espontánea, vivencial, alejada totalmente del canon occidental –escribió su celebre En el camino en un rollo de papel de 40 metros para no interrumpir su hechura–, Kerouac recorrió México fascinado, pero su obra llegó mucho después. Los primeros en traducir a los beatniks serían los argentinos, después los españoles, García-Robles comenzó a trasladarlos “a español mexicano”, sobre todo a Kerouac, hasta los 90; antes, no los vieron con buenos ojos.

“Octavio Paz o en el suplemento México en la cultura, de Fernando Benítez, no lo tradujeron; lo hizo la Revista Mexicana de Literatura muy poco, en el 58, 59, cuando la dirigía Carlos Fuentes y Emanuel Carballo, pero en general no fue acogida y había algo de razón”, dice el escritor. Los beatiniks no aspiraban a ser tomados en cuenta por la crítica, la academía o a formar parte de mafias literarias. "Son escritores que, según el canón, ciertamente son de un estrato inferior, pero porque así ellos lo querían, su apuesta literaria tuvo que ver más con emitir un mensaje generacional, cultural, crítico, que en buscar una perfección formal, preciosista como un fin en sí mismo", agrega.

Nacido en 1922, en una familia francocanadiense de Massachusetts, Kerouac vivió a finales de los 40 un encuentro crucial: el de Neal Cassady, con quien compartió el gusto y empatía por el bebop, las prostitutas, los drogadictos y los vagabundos. La libertad se convirtió en una obsesión y las carreteras entre México, Nueva York y Florida, fueron su máxima expresión.

“Su apuesta era ser autentico, espontáneo; eso derivó en una expresión de un joven que escribió lo que sentía y que eso se volvió un canon generacional universal, que anticipó los sesenta, la gran eclosión juvenil en contra del mundo adulto”, dice García-Robles. Su influencia literaria en México, acabaría en dos o tres autores, el principal: Parménides García Saldaña y en menor medida, en José Agustín. Para los demás era mejor dejarlo a un lado.

Kerouac y su generación, dice, siguen siendo incómodos: “Los locos, los drogadictos”. La UNAM por ejemplo, rechazó el año pasado la propuesta de exhibir el mecanuscrito original de En el camino, que pertenece a Jim Irsay, propietario de los Colts de Indianápolis. José Luis Paredes Pacho, director del Museo del Chopo, confirmó que efectivamente rechazó la exposición por cuestiones de presupuesto.

POR LUIS CARLOS SÁNCHEZ

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