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A Vicente Rojo no le importa el olvido de su obra

CULTURA

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Portando chamarra y camisa polo, pantalones caqui y la suela del zapato despegada, Vicente Rojo observo? sorprendido a su llegada a la Plaza de las Artes el resultado de la renovacio?n de su antimural, aquel escenario abierto que Ricardo Legorreta le encargo?, en 1994, para envolver y embellecer el Aula Magna Jose? Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes.


Por Miriam Lira; miriam.lira@heraldodemexico.com.mx


   

Lacónico pero seguro de las ideas que lo llevaron a formar parte de la Generación de La Ruptura (a la que él llama de La Apertura), se apuró a expresar: “Esta obra pública, que se ve mejor hoy que el día que la inauguramos, es importante únicamente porque le pertenece a la gente, a quienes la han hecho suya y la interpretan. Les pertenece a ellos, por eso no está firmada. A mí me pueden olvidar”.

EL ANTIMURAL

A un costado del aula, sentado con su obra a su resguardo comenzó a reconocer a viejos colegas y discípulos entre ellos el diseñador Germán Montalvo y el escultor Fernando González Gortázar con quienes junto a la directora del Museo de Arte Moderno (MAM), Silvia Navarrete ofreció una charla sobre la reciente remodelación del antimural. Hizo algunos ademanes para saludarlos y los recuerdos surgieron durante la entrevista exclusiva que el pintor y escultor mexicano ofreció al Heraldo de México previo a esta actividad a la que también asistieron amigos entrañables como el diseñador y fotógrafo Rafael López Castro.

“Fue curioso porque tardaron casi seis años en decidirse a hacerlo. Yo ya ni tenía los originales y pensé que ya se les había olvidado. De repente me hablaron y me dijeron que por fin se iba a montar. Me preocupé. Ya no tenía las maquetas que Legorreta hizo para que yo pudiera poner en cuadritos de 4mm mis mosaicos de colores. Hice tres, todas ellas con muchísimo esmero. Al final, Legorreta y las autoridades de Cultura respetaron mis bocetos y decidieron montar éste que hoy vemos”.

Han pasado los años, pero no por ello el Premio Nacional de Ciencias y Artes ha dejado de trabajar. En marzo pasado publicó junto a su médico de cabecera y también escritor, Arnoldo Kraus, “La Apología de las Cosas”, obra en la que aparece un autorretrato muy peculiar: “Sin duda es el mejor autorretrato que tengo. Es un autorretrato sin retrato. Todo lo que ven ahí son cosas que yo tenía guardadas en mi taller y a las que les tengo mucho cariño. Hay pinceles, compases inservibles, reglas, fotos y lápices de colores”. 

Por otro lado, la obsesión por el diseño y las letras lo han encauzado a analizar y estudiar las tipografías: “Durante los últimos diez años me he enfocado a trabajar en lo que yo llamo alfabetos primitivos o alfabetos secretos que, obviamente, no corresponden a ningún alfabeto real. Yo aspiro a que tengan una lectura visual. Ya los he trabajado en escultura, en pintura y en grabado. Será en noviembre que los exponga en la Galería López Quiroga, junto a mí autorretrato”.

VICENTE Y LOS JÓVENES

Consciente de la complicada situación política y social que viven los jóvenes mexicanos y, dado el contexto estudiantil que envuelve al CENART, Vicente no es indiferente y deja ver su preocupación por las nuevas generaciones a quienes a sus 85 años les aconseja “que sean siempre fieles a sí mismos. Es decir, que dentro de lo posible y aunque estén inmersos en el caos que vive México tengan la capacidad de concentrarse y luchar por sus objetivos.

Y, por otro lado, acercarse a la poesía: “El mundo está regido por la poesía sin que se sepa, sin que se note. Quiero ilusionarme con eso; con que nos defiende de los máximos horrores del mundo”.

EL RECUERDO

El poeta británico-estadounidense T. S. Eliot decía que “La única sabiduría que podemos esperar adquirir es la sabiduría de la humildad; la humildad no tiene fin” y el Maestro Vicente Rojo hace gala de esa humildad al expresar cómo le gustaría ser recordado: “Yo nunca he pensado en el más allá. No tengo la menor idea de si alguien se pueda interesar algo más de lo que se ha interesado ahora. Siempre he pensado que es el espectador quien tiene que entrar en la obra, reinterpretarla, proponer algo y hacerla suya. Yo no sé cuánto tiempo pueda durar mi obra y la verdad, no me preocupa mucho”.

A punto de entrar al Aula Magna a lo lejos, entre risas, lo esperan sus amigos, es inevitable evocar la memoria de su colega, José Luis Cuevas: “Tuve una muy buena relación con José Luis desde los años 50. A mí siempre me preguntaban que cómo me llevaba tan bien con él, que era una gente con conflictos. Él decía que nos queríamos porque éramos totalmente diferentes. A lo largo de los años, de muchísimos años, tuvimos muy buena relación coincidimos en libros, en catálogos y hasta en crear un grupo musical: Los Tepetatles en el que también participó Alfonso Arau y Carlos Monsiváis. Fueron años de bromas serias y contestatarias, años de mucha diversión”. Guardó silencio.

  • Vicente Rojo llego? a Me?xico en 1949, exiliado de Espan?a.
  • Colaboro? con Octavio Paz, Carlos Monsiva?is, Jose? Emilio Pacheco y A?lvaro Mutis.
  • Desde 1960 es socio fundador de la casa editorial Ediciones Era.
  • En 1991 recibio? el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el a?rea de Bellas Artes.
  • El 16 de noviembre de 1994, fue elegido miembro de El Colegio Nacional.
 

 

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Homenajean a José Luis Cuevas en el Palacio de Bellas Artes  
[caption id="attachment_59292" align="alignnone" width="5472"]Vicente Rojo. @Cuartoscuro.com Vicente Rojo. @Cuartoscuro.com[/caption]