CRÓNICA: Baja telón del ciclo perredista

Aprovechó los 232 días de su gobierno para conciliar y atender contingencias

Amieva agradeció ayer el apoyo de las fuerzas federales durante su administración. Foto: Manuel Durán.
Amieva agradeció ayer el apoyo de las fuerzas federales durante su administración. Foto: Manuel Durán.

José Ramón Amieva estiró al máximo los 232 días que estuvo como jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

En abril, cuando llegó al cargo, luego de que Miguel Ángel Mancera optó por el Senado, Amieva sabía que la encomienda era temporal.

Incluso no llevó nada especial al despacho del primer piso del Antiguo Palacio del Ayuntamiento, mismo que han ocupado personajes como Marcelo Ebrard, Alejandro Encinas y Andrés Manuel López Obrador. El único objeto personal que tuvo en el escritorio fue una pluma Pelikan, de tinta sepia, que ha usado durante todo el sexenio, en distintos cargos.

Irónicamente, su tesis doctoral se centra en el proceso de entrega–recepción, que le tocó aplicar en los últimos días. Amieva fue el séptimo jefe de Gobierno y el tercer sustituto desde que hay elecciones locales (1997).

El lunes, reunió al gabinete en una comida de despedida con chapatas. Asistieron todos, cada uno tomó la palabra para reconocer el cierre de administración.

La mañana de ayer, se puso un traje azul, corbata al tono y camisa blanca, y se dirigió al Campo Marte para la toma de protesta del nuevo comandante de la Primera Región Militar. Ahí dijo que durante su gestión se generó, en coordinación con fuerzas federales, la desarticulación a la parte operativa y financiera de grupos criminales de Tláhuac y la Unión Tepito

A las 09:20 horas, llegó al Palacio Virreinal para ultimar detalles de la reunión-comida de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), previó a la plenaria con el presidente López Obrador en Palacio Nacional.

Invitó a la sucesora, Claudia Sheinbaum, quien antes de ser recibida por el anfitrión tuvo que pasar a comprar unos zapatos, pues al llegar tuvo un percance con sus botas. Así, Amieva se despidió, primero con los gobernadores y después con el Presidente. A Sheinbaum le dieron la bienvenida.

El Ayuntamiento fue acondicionado para recibir a los nuevos funcionarios. En los patios se colocaron las fotografías de todas las tomas de posesión. El museo de sitio del Ayuntamiento también fue cambiado, se colocaron más imágenes de López Obrador.

La transición acordó que, al primer minuto del 5 de diciembre, los titulares del gabinete entregarían las oficinas. Amieva cerró la puerta de la oficina donde despachó el actual Presidente sólo portando una pluma de tinta sepia.

 

Por Manuel Durán 

jrr

 

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