Wendy Guerra se rebela contra la censura

La autora cubana afirma que a lo largo de la historia, muchas escritoras han sido calladas, pero que ella ha encontrado en la misma literatura la forma de liberarse

Platea a oscuras le valió
el Premio de la Universidad de La Habana cuando tenía 17 años. Foto: Especial
Platea a oscuras le valió el Premio de la Universidad de La Habana cuando tenía 17 años. Foto: Especial

Para Wendy Guerra, la mejor novela cubana se está escribiendo en el interior del país, por alguien desconocido. La autora de El mercenario que coleccionaba obras de arte fue clara al señalar la situación que permea en Cuba y cómo afecta a sus autores. Dudo que en un país con tanto dolor y vejación de la palabra, no exista alguien escondido tratando de hilar las tramas de esta epopeya que va a contracorriente de todos lo que hemos sufrido. Seguramente en unos años tendremos la gran novela de esta época y no la habré escrito yo. O sí.

La escritora asegura que la literatura en Cuba está como el sistema la deja estar. Un país que censura y castra las palabras no puede estar bien. Afirma que a lo largo de la historia, muchos escritores y, principalmente escritoras, han sido callados y que su forma de rebelarse a ello va dentro de la misma literatura, no en cargos políticos que nunca quisiera asumir. No me gustaría vivir en el pellejo de un escritor que dirige instancias como el Instituto del Libro, o ser una persona que esté orgullosa de vetar a una mujer.

Aun así, Wendy destaca el trabajo de dos escritoras cubanas posteriores a su generación: Legna Rodríguez Iglesias, quien es cuentista, poeta y dramaturga, y Ena Lucía Portela, quien en 2013 fue uno de Los 25 secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana de la Feria del Libro de Guadalajara.

Si bien, nuevamente es Cuba el escenario de su nueva novela, esta vez va más allá, pues su protagonista, el mercenario Adrián Falcón, es el seudónimo de un personaje real que recorrió toda Latinoamérica bajo nombres falsos, con los que huía de la persecución policiaca por terrorismo. La autora se encontró con él y, fascinada con su historia, durante dos años lo entrevistó e investigó su participación en la guerrilla latinoamericana, los cárteles colombianos y su colaboración con la CIA. Todos estos elementos, dice Wendy, han resultado novedosos para el lector, que lo está leyendo como si fuera una serie.

De hecho, no descarta la idea de que su novela sea traspasada al lenguaje televisivo o cinematográfico, como sucedió con su novela autobiográfica Todos se van, actualmente disponible en la plataforma Netflix. Sin embargo, confiesa que esos procesos no le atañen: Cuando uno vende los derechos del libro, ya no es tu libro, ya es materia prima para la obra de arte. Me emociona que sirva de pie forzado para empezar otra obra, pero cuando se va de mis manos, deja de ser mío. En el caso de Todos se van, el director la filmó de una manera muy particular, es su visión y yo respeto eso. No le permitieron grabarla en la isla y la hizo en las playas costeñas de Colombia.

Wendy participó en la pasada FIL Guadalajara, en donde celebró encontrarse con sus colegas y, sobre todo, lectores mexicanos.

Al estar su literatura vedada en su país, sus libros aparecen primero en España y México. Son mis primeros lectores. Me siento como una hija adoptiva a la cual le dan un espacio; es el disfrute del juguete nuevo, de leerlo y oler la tinta que es mexicana.

Y aunque ama este país, se siente incapaz de escribir sobre él. El entramado histórico, sociológico y ético en México, sólo lo entienden los mexicanos. Para escribir sobre el país, tendría que vivir mínimo cinco años, para ver y ser justa y equilibrada. Siento que en su complejidad está su armonía. Es como el bolero cubano: las penas que me maltratan son tantas que se atropellan y, como de matarme tratan, se agolpan unas a otras y por eso no me matan.

Para ella, la relación de Cuba con México está en los libros de Octavio Paz ; en las películas de Gael García Bernal y Diego Luna, las cuales tenemos que conseguir de contrabando porque no hay dónde comprarlas, y en el cine de Alejandro González Iñárritu, que para nosotros es un autor de culto, estudiado y discutido en escuelas. Pero también la hermandad de Wendy con este país viene de la recepción que se ha dado a sus compatriotas en diversos momentos de la historia.

Por ENRIQUE SAAVEDRA

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