Un diálogo entre Rivera y Picasso

Las trayectorias de estos dos artistas históricos se exhiben, por primera vez, en una muestra en la que los pintores “conversan”

Exposición Picasso y Rivera: Conversaciones a través del tiempo. CUARTOSCURO.
Exposición Picasso y Rivera: Conversaciones a través del tiempo. CUARTOSCURO.
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Diego Rivera (1886) y Pablo Picasso (1881) se conocieron hace más de un siglo en París, fueron amigos por un corto tiempo, discutieron sobre sus obras cubistas, se separaron y finalmente Rivera regresó a México para sumergirse en el muralismo. A 103 años del primer encuentro de los máximos pintores del siglo XX, ahora vuelven a estar juntos en la exposición Picasso y Rivera: Conversaciones a través del tiempo.

 

La muestra reúne más de 140 obras, las cuales incluyen piezas individuales, del año 1900 a 1940. Al inicio de la exposición, que alberga el Palacio de Bellas Artes, aparecen los pintores juntos. De lado izquierdo hay un autorretrato que Rivera pintó en 1906, de lado derecho lo acompaña otro autorretrato de Picasso, creado en el mismo año.

 

Las academias es el primer eje de la exposición, el cual retrata su primera etapa, donde se descubren sus acercamientos al arte griego y romano, con dibujos, por ejemplo, de la famosa estatua Venus de Milo.  Aquí aparecen también sus primeras creaciones de la infancia. Rivera retrataba paisajes rurales, Picasso escenas citadinas.

En Los años cubistas conviven las principales obras de este periodo y, además, se exhiben las cartas que se escribían durante el periodo de la Primera Guerra Mundial. En una de ellas, Rivera narra su inconformidad con el uso del armamento nuclear. Hay una carta del poeta Jean Cocteau enviada a Picasso, que contiene un dibujo que hizo de Diego Rivera.

 

América y Europa muestra el contraste entre los contextos nacionales de ambos. Los cuadros de Rivera reflejan paisajes rurales e indígenas, mientras que Picasso retrató los problemas sociales que enfrentaba la sociedad europea después de las guerras.

 

En este eje se ve cómo ambos regresan al clasicismo, con cuadros que Diego pintó cuando regresó a México, en 1921, para ser uno de los pioneros en el muralismo mexicano. De Pablo hay obras de la serie de 100 grabados de Suite Vollard (1930-1937), que es considerado uno de los mejores trabajos de la historia de grabado de la época moderna.

 

La exposición estará en el Palacio de Bellas Artes hasta el 10 de septiembre, y estará acompañada de una serie de actividades culturales.

 

Por Scarlett Lindero

 

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