Rius: el héroe de la pluma

Rius fue un ícono en la historia de la caricatura mexicana; sus colegas lo recuerdan como el maestro que abrió el camino de la libertad de expresión

CUARTOSCURO.
CUARTOSCURO.

Un humorista gráfico y vegetariano. Un escritor malo “de tez rosa frenesí con ojos azul tropical sin vereda”, así se describía Eduardo del Río “Rius”: el gran maestro de la caricatura en México, quien murió ayer a los 83 años de edad en Tepoztlán, Morelos, a causa de un cáncer de próstata que padecía desde hace varios años.

Para sus colegas y amigos “Rius” fue un monero autodidacta, “nunca necesitó de espacios en la prensa para subsistir, creó sus propias revistas, se dedicó a educar a la población de México y a la misma Secretaría de Educación Pública”, dijo en entrevista Chava del Toro, caricaturista mexicano sobre el legado de “Rius”, quien publicó las historietas Los Agachados y Los Supermachos, cuyos personajes incluso fueron llevados al cine.

Así era “Rius”, quien nació el 20 de junio de 1934 en Zamora Michoacán. Desde 1955 comenzó a publicar caricaturas “mudas” en la revista Ja-Ja. Después colaboró en distintos medios nacionales como La Jornada, Proceso y Novedades con cartones editoriales.

Hizo historietas, tiras cómicas y una importante labor educativa en la cultura de México con los más de 100 libros que publicó. “Quiero que los lectores piensen y tomen conciencia sobre los problemas políticos y sociales de la actualidad”, dice uno de los dibujos autobiográficos que realizó.

Para el caricaturista Trino Camacho, “Rius” fue el gran “héroe de la pluma”, pues antes de él “la libertad de expresión en los medios impresos no existía. Él hizo la tarea de educar a los mexicanos, cosa que la SEP nunca realizó, politizó a varias personas que no lo estaban; yo le decía que era el yoda de nosotros los caricaturistas”.

El monero Antonio Helguera coincidió con Trino al decir que “Rius” revolucionó la caricatura en el país, “antes de él los espacios para la crítica no existían”.

 

Apenas hace unos días Helguera tuvo una conversación telefónica con el caricaturista, quien se “pitorreó” de su propia muerte. “Quería ir a visitarlo y me dijo ‘a ver si no me muero antes’ y los dos soltamos una carcajada”, recordó Helguera.

Un personaje sencillo, de excelente humor, a quien le gustaba usar huaraches y siempre llevaba un morralito colgado al hombro, así lo recuerda su colega, “aunque su sencillez era engañosa, pues tenía una personalidad muy creativa y una mente brillante”.

Para Juan Alarcón, caricaturista de El Heraldo de México, “Rius” demostró que la caricatura no es sólo un dibujo “es una idea, un concepto. Nos enseñó que el humor sirve para hacer reflexionar a la gente. A través de su humor nos damos cuenta que la vida es una contradicción misma, él fue más allá”.

Alarcón recordó que a Rius nunca le interesó recibir homenajes ni consolidarse como “una vaca sagrada”, “él era una persona muy humana, sencilla, un parteaguas en el mundo de la caricatura en México”.

Por Scarlett Lindero

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