La casa sin el Gato Macho

Entre fotos, su vieja Olivetti y las últimas esculturas que realizó el artista plástico, su viuda, Beatriz del Carmen Bazán, nos habla de los planes que tiene para el legado de Cuevas

LEGADO. Bazán es la
heredera de los derechos del nombre y obra de Cuevas.  FOTO: Daniel Ojeda
LEGADO. Bazán es la heredera de los derechos del nombre y obra de Cuevas. FOTO: Daniel Ojeda

José Luis Cuevas ya no vive más en esta casa pero su mirada llega desde todos los rincones. Sobre los libreros, en las mesas o en cualquier sitio de las paredes, observan los retratos del artista fallecido hace dos años. No siempre está solo, en la mayoría de las fotografías lo acompaña su viuda: Beatriz del Carmen Bazán; en otras aparecen junto a Carlos Monsiváis, con Gabriel García Márquez o con los reyes de España.

He dejado todo tal cual, dice Beatriz del Carmen. En ese cuarto que funciona como biblioteca, sobre la mesa de centro, reposa la máscara mortuoria de Cuevas y más allá, en una esquina, está una foto donde aparece junto a David Alfaro Siqueiros. Esa sillita se la regaló Alaíde Foppa y después señala una Olivetti roja que aguarda sobre la mesa que sirvió de escritorio: Es donde escribía sus Cuevarios.

Basta salir de ese cuarto para seguir topándose con su presencia y también con la de su esposa, con la que se casó 15 veces y a la que dedicó 200 cartas: otra vez más fotos de él y de ella, un espejo redondo con un dibujo y su firma, la colección de porta vasos que ella reunió en sus viajes. En el patio trasero reposan algunas esculturas que el artista alcanzó a fundir. El único sitio que sigue impenetrable, incluso para ella, es el estudio: Ahí sí me cuesta trabajo entrar.

La viuda de Cuevas recibe a El Heraldo de México en su casa de San Ángel Inn: cuenta que los dos la escogieron y planearon juntos cada detalle. Ella vivió 16 años con él, desde 2001 hasta su muerte sucedida el 9 de julio de 2017: Le gustaba pararse a las 9:00, era como un ritual: desayunar y subirnos a su estudio, ése era el acto amoroso, verlo como dibujaba, yo le decía que era como su chalana: me encargaba de limpiar los pinceles,, lo que necesitaba y escuchábamos el Fonógrafo.

ÉL ME LO DEJÓ

Con la muerte de José Luis Cuevas, el conflicto entre su viuda y sus hijas subió de tono. Carmen Beatriz dice que decidió contar la parte de la historia que le corresponde, cansada de la campaña de desprestigio de la que ha sido víctima. Bazán ha defendido que los derechos de su obra y nombre le pertenecen.

Por lo pronto, no descarta crear una fundación José Luis Cuevas y dice que si el museo que lleva el nombre de su marido, en el Centro Histórico, sigue muerto como hasta ahora, reclamará la denominación, junto con la biblioteca y unos álbumes de fotografías.

El museo está muerto, yo creo que se murió cuando mi marido partió, no hace honor a su nombre; ver que mucha gente le hace homenajes para mí es muy bonito, no importa quién sea, si el museo lo revive, a mí me va a encantar, señala. Afirma que intentará reunirse con la directora del INBA, Lucina Jiménez, y con la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, a quienes no conoce.

POR LUIS CARLOS SÁNCHEZ

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