Guadalupe: devoción y arte chicano

Dos artistas urbanas han ampliado el imaginario simbólico de la devoción a María Guadalupe: en su obra expresan el sentir de una comunidad que ve en la Virgen un reflejo de su identidad y su resistencia

PÁNEL de la serie Virgen de Guadalupe, 1978, tríptico de Yolanda López. Foto: Especial
PÁNEL de la serie Virgen de Guadalupe, 1978, tríptico de Yolanda López. Foto: Especial

La imagen de la Virgen de Guadalupe como protectora de los mexicanos, en especial de los más vulnerables, como Juan Diego, ha viajado más allá de las fronteras, donde ya no es sólo la madre amorosa que cuida de sus hijos, además se ha vuelto un símbolo de lo femenino en la cultura chicana; la Guadalupana conforma la identidad de las mexicanas y de sus hijas, generación tras generación, en Estados Unidos. Fe, tradición y modernidad se conjuntan en la creación de estas artistas que se apropian de su imagen tradicional para construir una versión que late, extraordinariamente vital.

Dos artistas representativas y consagradas de este guadalupanismo chicano y feminsta, que hunde sus raíces en el culto religioso, son Yolanda López y Ester Hernández.

En ambos casos, en la vida de las artistas y académicas la figura de la madre como cabeza de familia, esa mexicana esforzada y amorosa a la que le tocó criar a su descendencia. El papel preponderante en esta historia de mujeres lo tiene la Virgen quien, también sola, cuida de sus hijas más allá de las fronteras, constituyéndose como un icono de la mujer-madre al tiempo que una imagen de devoción.

Yolanda López (San Diego, California, 1942) es pintora, maestra de arte y cineasta. Con su obra confronta los estereotipos étnicos, defiende su cultura originaria y reafirma el valor de las expresiones de la comunidad méxico-americana. En sus pinturas, es su madre quien cose a máquina el manto de la Virgen, o su abuela la que está sentada sobre él. Identidad y género se amalgaman y nos muestra a personajes maternales que se fortalecen en su fe hacia María Guadalupe.

Ester Hernández (Dinuba, valle de San Joaquín, California, 1944) es una pintora y muralista chicana de ascendencia yaqui, hija de trabajadores agrícolas. La política, lo social, la ecología y lo espiritual son los temas centrales de su trabajo. Cultiva la imagen de Guadalupe como parte del imaginario simbólico de su grupo social, los chicanos. Para ella cualquier señora, como su Virgen de las calles, que vende flores en la banqueta, puede tener un halo que refleje la santidad de la Guadalupana que la ampara.

Aunque esta simbología mariana fue cuestionada, también ha acrecentado la imagen de la Madre Santísima, dejándonos saber que María-Guadalupe, Madre Admirable, está viva en los grandes grafitis de los barrios chicanos, en las pieles de sus devotos y que camina el día a día de sus hijas migrantes.

 

 

Por CARMEN SÁNCHEZ

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