Dialogan

En el marco de su 25 aniversario, el Museo Dolores Olmedo renueva la museografía de su colección permanente, integrada principalmente por obras de ambos artistas

MUNDIAL. El Olmedo cuenta con las colecciones más grandes de ambos artistas. Foto: Nayeli Cruz.
MUNDIAL. El Olmedo cuenta con las colecciones más grandes de ambos artistas. Foto: Nayeli Cruz.

Diego Rivera y Frida Kahlo se encuentran cara a cara en el Museo Dolores Olmedo por primera vez. En una curaduría que los coloca en el mismo muro se establece un diálogo estético, donde los artistas se reconocen, a partir de sus propias obras, como creadores con similitudes plásticas e intereses comunes, y a la vez con trayectos individuales, que evidencian cómo cada uno llegó a su propio reconocimiento internacional.

Se trata de la exposición Diego & Frida. 25 años en el Olmedo, integrada por 27 piezas del muralista y 20 de la pintora, que pertenecen a la colección del recinto y forman por primera vez una exhibición conjunta en el museo ubicado en Xochimilco.

Después de viajar durante un extenso periodo, las obras descansarán en su casa para celebrar también su 25 aniversario, a partir del próximo sábado.

MUESTRA. Es la primera vez que obras de ambos conviven en las mismas salas del museo. Foto: Nayeli Cruz.

Como política del museo, las obras deben descansar de viajar al menos seis meses al año, y ahora estarán aquí en casa. Las obras pueden seguir viajando, tenemos planes para 2020 y hasta 2024, dijo Carlos Philips, director del recinto, que el próximo 17 de septiembre celebra un cuarto de siglo.

Al toparse las obras en un mismo espacio, la curaduría, a cargo de Josefina García, planteó establecer vínculos. Así se recibe al espectador con el óleo Autorretrato con chambergo (1907), de Rivera, junto a Autorretrato con changuito (1945), de Kahlo, que ponen en el mismo nivel creativo a los dos pintores.

Pero de manera más formal, dice la especialista, ambos se reconocen como artistas a sí mismos, a partir de las obras Retrato de Alicia Galant, de Kahlo, y El matemático, de Rivera. Hechas con 10 años de diferencia, las pinturas dan cuenta de su acercamiento a la técnica del retrato y ubican a cada uno en su nivel creativo. Ella de trazo suave e íntimo y él, más fuerte y directo.

EL OLMEDO. En septiembre
de 1994 abrió sus puertas. Foto: Nayeli Cruz.

Entonces ella se asume como pintora y no musa del muralista, quien adquiría rápidamente aceptación en el mercado internacional. Sobre todo, esto se da con mayor intensidad durante la estancia de Rivera en Estados Unidos en la década de los 30, cuando trabajó en varios murales, como el del Centro Rockefeller, años en que Kahlo se centró en definir su propio estilo.

Aquí se ven como pareja amorosa, pero también artística. En algún momento se habló de la influencia de Diego en Frida, pero es por un breve periodo, luego cada uno toma su camino, acota la curadora sobre la pareja que el 21 de agosto pasado cumpliría 90 años de matrimonio.

De la misma manera se relacionan obras de temas sobre indigenismo, naturaleza muerta y vida personal. Se exhiben piezas clásicas de Kahlo, como Hospital Henry Ford, La columna rota y Unos cuantos paquetitos; y de Rivera, Las Sandías y obras preparatorias de sus murales.

Por Sonia Ávila

lctl

¿Te gustó este contenido?