Bernardo Esquinca rinde tributo a las librerías de viejo en nueva novela

En Inframundo (Almadía, 2017), la cuarta novela de la saga Casasola, Bernardo Equinca narra la historia de una librería de viejo en el Centro Histórico

Foto Cortesía
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Al igual que Casasola, el clásico personaje de su saga literaria, Bernardo Esquinca podría ser un detective del pasado, según le dijo alguna vez un amigo suyo, y es que la narrativa del escritor mexicano se cuela siempre en las antiguas calles de la Ciudad de México, destapando sus horrores y mitos a través de sus historias. En Inframundo (Almadía, 2017), su última novela, Casasola se sitúa en el siglo XVI, en donde trabaja como editor de una publicación del Museo Nacional de Arte, con una novia que trabaja como scort. 

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Los personajes del escritor mexicano, que en diciembre ganó el Premio de Novela Negra 2017 por su novela Las increíbles aventuras del asombroso Edgar Allan Poe responden a un destino que siempre los caracteriza: seres marginales con obsesiones que los llevan a tocar fondo.

En Inframundo vemos a un Casasola más nostálgico, más romántico, ¿cómo ha ido cambiando?

Sí ha ido evolucionando de un libro a otro, ahora lo vemos un poco más amargo, está en otro trabajo, ya no en la histeria del periodismo cotidiano, tiene más tiempo para el ocio, está más contemplativo y a la vez es más crítico con la ciudad, se la pasa viendo los defectos de la ciudad, está enamorado de Dafne, una chica scort. Y disfruta bebiendo con fantasmas, lo vemos más dispuesto a hacerse cargo de la investigación, es detective entre comillas.

¿Qué te obsesionó de esta época en particular?

Lo que quería hacer era lograr una mezcla de la ciudad actual con el pasado, siempre ha sido mi obsesión, en esta novela quise lograr el punto medio, que tuviera muchos guiños hacia la historia de nuestra ciudad, narrando, por ejemplo, el recuerdo de la esquina maldita de Argentina. Me gusta ir contando la ciudad por capas históricas.

¿Eres un escritor del pasado?

Alguna vez me lo dijeron y resulta curioso porque cada vez me ha ido interesando más el pasado, eso no ocurría antes en las novelas, me refiero a las que no son de la saga Casasola, me he ido metiendo poco a poco esta vocación de historiador diletante porque no soy ni si quiera un historiador, soy un narrador con una vocación hacia el pasado, y de hecho hubo un rato que me pasé larga temporada en el siglo XIX.

¿Cómo convive Bernardo como escritor con sus fantasmas?

No, son literales, soy muy miedoso, tengo obsesiones, traumas, cosas que me acechan recurrentemente, y una manera de lidiar con ellos es la literatura. Muchos de esos fantasmas están plasmados en mis novelas y cuentos.

Otra de las lecturas en esta novela es la historia de los libros de viejo…

Sí, hice un homenaje a los bibliófilos, siempre me han gustado este tipo de librerías, me parecen un gran escenario para un territorio literario, les debía un reconocimiento, que fueran protagonistas, lo intenté con Inframundo, que precisamente así se llama la librería en donde todo sucede, me interesó su composición, oscura y de alguna forma tenebrosa.

¿Te enfocaste en crear personajes solitarios?

Son de alguna forma marginales, por ejemplo, en esta novela, Leandro sí lo es, pero son marginales porque tienen heridas grandes que los marginan, que no han podido procesar, quizá siempre recurro a ellos porque son los más interesantes desde mi punto de vista literarios.

Por Scarlett Lindero

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