Álvaro Carrillo, sabor a nostalgia

El compositor oaxaqueño es motivo de una exposición- homenaje, en la fonoteca nacional, donde se reúnen fotografías, objetos y documentos personales

FOTO: Especial
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Álvaro Carrillo (1919-1969) no lloraba. Mario, uno de los cuatro hijos que tuvo con su segunda esposa, recuerda que sólo una vez lo vio con una lágrima: Yo en vez de llorar, compongo, le decía su padre. En todo caso, el oaxaqueño era un hombre sumamente expresivo: compuso más de 300 canciones entre pasodobles, chilenas, bambucos, rancheras y, sobre todo, boleros.

Me llama la atención que siendo sus canciones tan tristes, nunca lloraba, dice Pável Granados, especialista en música popular y director de la Fonoteca Nacional. Creo que es un compositor intenso, espeso, el compositor más instrospectivo de nuestra canción popular, no lo era Agustín Lara, no lo fue José Alfredo, Álvaro Carrillo lo era hacia adentro.

Sus canciones siguen presentes en el imaginario popular y este año hay un motivo doble para evocarlo: el 3 de abril se conmemoró medio siglo de su muerte y en diciembre próximo, el centenario de su nacimiento. Para recordarlo, la Fonoteca exhibe Sabor a ti. Álvaro Carrillo, que reúne más de 100 objetos personales, imágenes y grabaciones.

En sala se reúnen verdaderas joyas: fotografías donde aparece como estudiante de Chapingo, el cuaderno pautado con la primera orquestación de Sabor a mí, su pasaporte, un jorongo que le regaló el guerrillero Lucio Cabañas e, incluso, la serie fotográfica que documenta el accidente automovilístico en el que perdió la vida junto con su esposa.

La exposición comenzó a armarse el año pasado, en una visita al archivo que conserva su hijo Mario, en Oaxaca. De ahí proviene el jorongo que le regaló Cabañas: El guerrillero lo buscó pero un poco a la fuerza, lo mando llevar a la sierra porque lo admiraba mucho, pasó con él un fin de semana y le regaló el jorongo pero su hijo cuenta que fue a la fuerza, casi casi secuestrado.

Dos joyas sonoras se agregan al recorrido; además de las grabaciones que hizo, se puede escuchar el testimonio pericial, grabado por un periodista, sobre el accidente de Carrillo y algunos fragmentos de las cintas de carrete que su esposa, Ana María Incháustegui, grababa cuando él le subía el desayuno a la recamara y le cantaba en su cumpleaños.

Al final, dice Granados, Álvaro Carrillo se revela como un artista doble: por un lado, como el compositor que en su juventud hizo chilenas o el paseíllo El andariego. Pero también como el autor de boleros, de lo más modernos para su tiempo, que influyeron a autores como Vicente Garrido o Manzanero.

Por Luis Carlos Sánchez

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