Alburea desde el cielo

Se va La Reina del Albur. La tepiteña Lourdes Ruiz murió ayer en la Ciudad de México

BARRIO. Lourdes Ruiz vendía ropa de bebé en su querido barrio de Tepito, donde habitó en la vecindad La Fortaleza. Foto: Cuartoscuro
BARRIO. Lourdes Ruiz vendía ropa de bebé en su querido barrio de Tepito, donde habitó en la vecindad La Fortaleza. Foto: Cuartoscuro

Desde niña, Lourdes Ruiz se dio cuenta que si escuchaba con atención podía divertirse mucho. Su abuela, por ejemplo, le acariciaba la cara y le decía: nunca me imaginé ver hijas grandes, y cuando ofrecía a su abuelo un vaso de leche, él respondía: no, mejor sácame un rato al sol, tengo frío.

El doble sentido llamó la atención de la tepiteña desde la primera vez que lo escuchó. Nací en una familia en la que no se decían malas palabras, ahora sí que me lavaron la boca con jabón; dónde yo vivía había unos señores que vendían nieve y sus hijos albureaban, ellos fueron los que me enseñaron, recordó cuando presentó su primer libro (Cada vez que te veo, palpito, escrito junto con Miriam Mejía), en marzo del año pasado.

Lourdes Ruiz, mejor conocida como La Reina del Albur, falleció ayer por la madrugada en la Ciudad de México. Decía que había nacido en 1971 y su sentido del humor le permitió, incluso, bromear sobre el cáncer que padeció desde los 13 años: Mi madre me compró una urna que hoy uso de alcancía.

Conocida en el barrio como La Verdolaga Enmascarada, Ruiz comenzó su reinado en 1997, cuando salió vencedora en el concurso Trompas contra Pirinolas, que enfrentó a mujeres y hombres en el Museo de la Ciudad. Después, llevó el albur a otro nivel, cada año impartía en la Galería José María Velasco el Diplomado en albures finos. ¡Tepito bravo! De fina amabilidad, siempre con una sonrisa en el rostro y vestida con su inseparable delantal, opinaba que el albur era como un juego de ajedrez en el que siempre había que estar alertas, tener un amplio vocabulario, agilidad mental y saber escuchar: te hace pensar antes de hablar, te hace leer, te hace más culto.

Por REDACCIÓN EL HERALDO DE MÉXICO

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