No es fácil construir una casa. Nosotros tomamos la decisión de construir la nuestra, la nueva casa del Heraldo de México, en tiempos de divisiones y tempestades, impulsados por la inquietud y el deseo de aportar un trazo de tinta a un mejor país y a un mejor entendimiento.

Esa idea sencilla y compleja nos ha dado la fuerza para modelar cada día este proyecto mediático que nos ha unido y otorgado una identidad: el Heraldo de México del siglo XXI es un reflejo de la sociedad, la cual consideramos nuestra familia.

Llegamos con el ánimo de construir y de hacerlo como en una página sin letras, donde nada fuese blanco o negro y sí un esfuerzo genuino por presentar el extenso abanico de colores que es México.

No es fácil decir gracias. Sin embargo hoy queremos agradecer a todos los que nos han ayudado con sus desvelos a sostener el ritmo endemoniado que implica publicar un diario.

Gracias a los reporteros, cuyo trabajo ejemplar ha hecho del Heraldo una casa abierta, limpia y confiable; gracias a nuestros articulistas, programadores, directivos, conductores, moneros, diseñadores, columnistas y colaboradores por hacer de nuestras páginas un torrente plural, puntual, riguroso y divertido.

Y gracias principalmente a nuestros lectores por hacernos saber todos los días que vale la pena construir con papel y tinta el país de leyes, libertades y derechos que todos deseamos.